Los Jaivas: los hippies de la canción social en Chile

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Tras el triunfo del candidato socialista Salvador Allende, la Unidad Popular colocó entre sus tareas primordiales la creación de la nueva conciencia de los hombres y mujeres del pueblo chileno a través de la cultura y de su completo acceso por parte de los explotados y oprimidos del país, distintos artistas surgieron en los diversos ámbitos de la expresión creativa. A nivel musical, si bien la mayoría de los grupos circunscribieron su producción, a nivel melódico, en el folclore y, a nivel lirico, en lo social y reivindicativo, hubo igualmente otros conjuntos que alejaron su creación del marco de creación hegemónico de la época.

Conocidos al principio como High Bass, el grupo que más tarde adoptaría el nombre de Los Jaivas se convirtió progresivamente en un ícono de la música nacional [1]. Nacida en la década de los años sesenta, es decir, un periodo de álgidas reflexiones en materia política, social y cultural sobre el devenir del país y América Latina, la banda afrontará una serie de cambios en su identidad musical. Dándose a conocer en un primer instante como una banda de rock progresivo, este grupo irá desarrollando su composición artística en un cuadro cultural caracterizado por la búsqueda y recuperación de la identidad latinoamericana, el interés por la promoción de lo que los pueblos latinoamericano y chileno eran capaces de producir. Es así como el movimiento social y musical conocido bajo el nombre de “La Nueva Canción Chilena”, esencialmente representado por los militantes comunistas, ejercerá una importante influencia sobre el conjunto compuesto por Gabriel, Eduardo y Claudio Parra, Eduardo Alquinta y Mario Mutis, el cual debió ajustar su arte a dichas circunstancias y al momento histórico que para el año 1970 comenzaría a nacer.

Eran escasos los grupos musicales que no coincidían completamente con la propuesta cultural de la Unidad Popular, al punto que después de su primera presentación en la sala de La Reforma de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en mayo de 1970 y de su primer debut discográfico un año más tarde, en la revista Ramona de las Juventudes Comunistas de Chile se afirmaba: “Estos sí que son pájaros raros, Jaivas que vuelan”[2]. En efecto, sin necesariamente pertenecer a las filas de la reacción oligárquica, Los Jaivas tomaron cierta distancia de los cánones creativos y eran esencialmente vinculados al movimiento hippie.

Su primer álbum denominado El volantín (1971), en cuya caratula figura la cometa chilena, constituyó un intento inicial de producción musical en consonancia con el oído nacional. Caracterizado por su composición esencialmente melódica e instrumental, en su interior podemos encontrar canciones como “Tamborcito del milagro” en la que se puede apreciar el batir del tambor mapuche, pueblo originario de Chile cuya identidad e intereses comenzaron a retomar peso en el panorama político y cultural de aquel entonces:

 

 

 Sin embargo, dicho álbum contendría igualmente excepciones como “Marcha en el interior del espíritu” que fundaría su letra en la anáfora “Seamos amigos/seamos hermanos” dando a entender la perspectiva político-social de la banda musical:

 

Posteriormente, Los Jaivas le entregarían al pueblo chileno su segunda obra conocida bajo el nombre de La ventana (1972), la cual contendría varias piezas musicales que hasta el día de hoy conformarían parte importante de la cultura nacional. La importancia de esta misma sería la introducción de contenido lírico en su elaboración. Dicho esto, las canciones que sobresaldrían serían dos en particular. Por un lado tendríamos “Todos juntos”, en la cual el oyente tendría un segundo acercamiento a la mirada de sociedad de la banda, resumida en un llamado a la vida en conjunto, y a la síntesis entre el rock y el folclore andino como se podría apreciar con la presencia de instrumentos tales como la quena:

Asimismo, otra de la piezas maestras y patentes en la cultura popular que heredó el pueblo chileno de este disco es “Mira niñita”, sustancialmente compuesta de dos estrofas repetidas a lo largo de más de seis minutos, con un intervalo instrumental en la cual se combinan nuevamente el rock progresivo y los sonidos bajados desde el altiplano:

 

Durante los años que duro el Gobierno popular, se comenzó a liberar la producción artística y cultural, cuyos resultados empezarían a ser objeto de goce esencialmente por la clase obrera y el pueblo de Chile. Por más distancia creativa o falta de sintonía ideológica que pudiesen tener los Jaivas con el proyecto cultural de la Unidad Popular, es importante reconocer la contribución tanto de esta banda como de tantos otros artistas en lo que serían la plena participación y protagonismo del pueblo trabajador en el ámbito cultural y artístico.

 


[1] http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3567.html (consultado el 27/06/2016)

[2] ALBORNOZ, César: “La cultura en la Unidad Popular: Porque esta vez no se trata de cambiar un presidente”, Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular, LOM Ediciones, 2005

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