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Jue19072018

Última actualización12:00:59 PM GMT


La Brecha salarial: Una mirada en profundidad.

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La Brecha salarial Una mirada en profundidad

Hoy las trabajadoras van a la huelga. Hoy la mujer obrera celebra su día luchando contra su enemigo natural: el empresario. Hoy toca hablar de brecha salarial. Detrás de las medias verdades, de las cifras aisladas y las leyes de igualdad, detrás de todo ese escenario teatral existe un sistema de desigualdad. Un mecanismo viejo pero bien engrasado que da muy buenos resultados a sus beneficiarios.

En los platós, en los bares, en los periódicos, no falta quién nos ilumine, zanjando la cuestión, recordándonos que "si pillan a un empresario pagando menos a una mujer por ser mujer ¡se le cae el pelo!". No hay más que decir. No hay que alzar la mano contra el patrón, él juega limpio, respeta la ley, además, bastante tiene con aguantar a este duro Estado. Se cierra la discusión, o callas o estás contra la ley, contra la justicia.

Mientras, abren las noticias de la mañana con una presentadora, perdónenme, una trabajadora anunciando la existencia de una diferencia del 25%, o del 20%, entre los salarios de hombres y mujeres, sin más explicación. A nosotras nos llama la atención este dato y, sin pensar dos veces, asumimos que la brecha salarial es un hecho, un hecho injusto, pero un hecho después de todo. Pero ¿y la ley? ¿No se cumple la ley?

No basta con enunciar una intención, o una ley, para que está se vuelva real, hace falta algo más que palabras. Por otra parte hay leyes que pesan más que otras, por ejemplo nada es más rápido que la luz y sin embargo la gravedad puede ser tan poderosa que ni la luz pueda escapar a su fuerza, es el caso de los agujeros negros, en este caso la gravedad se impone a la luz. De igual forma, vale más la ley de la rentabilidad y los beneficios que la ley formal de cualquier estado capitalista. La constitución, el estatuto de los trabajadores, el convenio colectivo, las pensiones...ya hemos visto como todos ellos son papel mojado, se modifican según demande el capital, no son más que el envoltorio "democrático" de la ley de la ganancia, y es a esta última a la cual deben ajustarse.

Tampoco podemos asumir, sin más, que la brecha salarial es una injusticia dada, algo que está ahí, está mal, y hay que cambiarlo. No está ahí porque sí, no se trata de un problema ideológico que se resuelva con campañas a favor de la igualdad de género. Una vez más no basta enunciar el problema, ni decir que está mal, ni siquiera decir que nosotras lo vamos a cambiar. No. La realidad es más retorcida, las buenas intenciones mueren con la pasividad y la incomprensión. La brecha salarial no está en nuestra sociedad porque sí, ni por el ideario patriarcal de nuestros y nuestras empresarias, no, está ahí como un mecanismo más de la ley de la rentabilidad. No debemos quedarnos con un dato, que no sabemos bien de donde viene, nosotras queremos entender realmente la brecha salarial porque realmente queremos acabar con ella.

Los datos, por sí mismos, sin una teoría que los estructure, no valen nada, no tienen sentido. Sea la brecha salarial de un 20%, o de un 30%, de poco nos sirve saberlo si no le damos un contexto, una explicación política. Efectivamente, la explicación que se merece es política en la medida en que sus consecuencias también lo son, después de todo, la economía es una ciencia política.

Sectores feminizados:

La estadística, por su parte, difícilmente puede explicar las desigualdades de género con eficacia (sin embargo no deja de ser una herramienta útil), esto es así porque existen formas distintas de discriminación salarial. Algunos trabajos, por ejemplo, son conceptuados socialmente como de mujeres o de hombres, si pensamos en la minería asociamos, generalmente, ese trabajo a los hombres, si pensamos en el servicio de limpieza de un hotel lo asociaremos a la mujer. Esto es lo que nos han enseñado, bien sea porque lo hemos visto en televisión, lo hemos leído, o simplemente lo hemos visto con nuestros ojos. Lo cierto es que este prejuicio tiene un origen real, se cumple. Claro que hay excepciones, pero si estudiamos los datos veremos como algunos trabajos están ocupados principalmente por mujeres, y otros, por hombres.

¿Qué significa esto en la práctica? Pues que las muestras estadísticas no recogeran la discriminación salarial de estos sectores "feminizados". Se contratan trabajadoras para empleos totalmente infravalorados, cuyos sueldos son miserables y que, aparentemente, nadie pone en duda que sean trabajos de mujeres ¿Por qué tenemos que aguantar esta situación? Se reproduce en el mercado laboral la marginación de las mujeres a tareas domesticas, como son los cuidados o la limpieza, pero lo más sangrante es que encima estos trabajos reciben sueldos mínimos y se perciben como trabajos de segunda categoría.

Un ejemplo claro de esto es la sanidad donde, históricamente, el trabajo de enfermería ha sido ocupado por mujeres más que por hombres. Más interesante se vuelve el ejemplo cuando comparamos la sanidad privada con la pública, resulta que las y los enfermeros cobran mucho menos en el servicio privado que en el público ¿Por qué será? ¿Será que la empresa privada decide infravalorar sistemáticamente el trabajo realizado generalmente por mujeres?

Contratos de hombres... contratos de mujeres:

La contratación es un mundo en sí mismo. En la economía ortodoxa (la que se explica en las universidades) los contratos se entienden como un acuerdo entre partes iguales, donde el patrón y el empleado tienen el mismo poder de decisión. La realidad se aleja mucho de lo que se estudia en las universidades, más en el caso de las mujeres. El paro y el hambre fuerzan a los trabajadores a firmar contratos miserables, todo el poder de decisión termina en el empresario, al menos si no hay un movimiento sindical que le haga contrapeso. ¿De verdad alguien cree que el empleador no va usar este poder contra los empleados? ¿Qué sucede cuando es una mujer quien busca empleo? Sencillo "y si se queda embarazada ¿quien me paga la baja?" "y si encuentra un buen marido y deja de trabajar" "y si..." Todo esto dejando de lado los lamentables, y comunes, casos en lo cuales se pretende que la trabajadora funcione de reclamo e incluso como un objeto sexual a disposición del patrón.

Dado que el mercado laboral, y la sociedad, tiende a infravalorar a la mujer no es de extrañar que muchas mujeres sean contratadas, para el mismo trabajo que un hombre, en condiciones distintas, con tipos de contrato diferentes, todo ello a pesar de realizar la misma tarea. Pero incluso si se les contrata, a un hombre y a una mujer, bajo las mismas condiciones, aún en ese caso existen mecanismos para terminar pagando menos al "sexo débil".

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Cabe destacar que las diferencias entre hombres y mujeres por tipo de contrato no existen en ciertos sectores y empresas donde la contratación viene fijada por convenios colectivos, los cuales se han obtenido a través de la lucha sindical. Por esta razón se observan menos diferencias salariales en sectores de la industria clásica. Pasa exactamente lo contrario allí donde las y los trabajadores están divididos.

El salario por partes:

La remuneración está determinada en el contrato por un salario base y unos posibles complementos como son la nocturnidad, la peligrosidad, la antigüedad etc. Es decir, por un lado tenemos el salario a secas, el salario base, y luego una serie de añadidos que dependen de la jornada, el tipo de trabajo, la experiencia y otros factores. En España el 35% de los salarios se corresponden a complementos, si de un plumazo estos desaparecieran los salarios se reducirían en más de un tercio de golpe. Los datos muestran que las trabajadoras perciben un salario base ligeramente inferior al de los hombres al entrar al mercado laboral, sin embargo complementos salariales (los cuales se van ganando muchas veces con la experiencia y la antigüedad) de los hombres crecen más rápido que los de las mujeres ampliando la brecha salarial entre ambos a medida que acumulan "capital humano", experiencia.

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Las mujeres sufren interrupciones en su vida laboral, sobre ellas se carga el peso del cuidado de hijos y familiares, no es que sólo ellas puedan hacerlo, o que sean las mejores en dicha tarea, simplemente es que siempre ha sido así, es "lo lógico". Pues bien, esta "lógica" presiona a las trabajadoras a renunciar a sus ambiciones, a tener jornadas más cortas, a no ascender dentro de la empresa e incluso, a renunciar durante largos periodos de tiempo, a sus trabajos (un 20% de las trabajadoras renuncia a su empleo para cuidar a familiares), de tal forma que pierden la posibilidad de recibir algunos complementos como el de antigüedad (También cotizan menos tiempo si renuncian a su trabajo por lo cual la discriminación salarial la arrastran hasta la jubilación recibiendo pensiones menores). ¿No es esto un mecanismo que nos ningunea como personas? Se acepta generalmente como lo normal pero no es otra cosa que una herramienta para justificar, de forma enrevesada y confusa, salarios muy inferiores.

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En este gráfico se observa la evolución de las jornadas parciales no deseadas, es decir, de las y los trabajadores que tienen jornadas parciales, con salarios menores, cuando desearían tener una jornada completa. La parcialidad no deseada crece desde la Gran Recesión, crisis que además amplía aún más la diferencia entre hombre sy mujeres. 

Un mecanismo imprescindible.

En un mundo donde funciona la dinámica del "tanto tienes tanto vales" la discriminación salarial convierte a las mujeres en personas de segunda categoría, no necesariamente dependientes de los hombres, pero sí de unos empresarios que, aprovechando la mentalidad patriarcal, sacan un mayor beneficio del sudor de las trabajadoras que del de los hombres (excluyendo a los inmigrantes a los cuales se somete a una discriminación similar). Si la brecha salarial sirve para obtener más beneficios ¿por qué íbamos a querer eliminarla? Obviamente las mujeres estaremos radicalmente en contra, o tal vez no. Sería interesante preguntarle a Ana Patricia Botín, o a Cristina Cifuentes o a Alicia Koplowitz (una gran inversora del Ibex35) qué opinan de todo esto. Hemos escuchado muchas veces que hay pocas mujeres emprendedoras o en consejos de administración, es muy normal que centren su discurso "feminista" en estos términos, sencillamente porque esto permite que los y las grandes empresarias mantengan sus ganancias intactas. Es la ley de la rentabilidad la que da forma a nuestra sociedad. Claro que existen en juego otros factores como la histórica opresión patriarcal, pero son vestigios de épocas pasadas que perduran únicamente porque han resultado útiles a las clases dominantes.

Es absurdo pensar que una empresaria tiene algo en común con una trabajadora, la clase empresarial, conformada por hombres y mujeres, ejerce un machismo brutal diariamente, perpetuando a la mujer trabajadora en una situación de sumisión ya que la encierra en trabajos peor conceptuados y peor pagados que el de sus compañeros. Y nada parece que vaya hacer cambiar esta situación, para la clase capitalista es muy sencillo asumir parcialmente el discurso feminista, sólo en apariencia claro. Pueden admitir que hollywood se alce contra las agresiones de género, puede permitir que las mujeres accedan con normalidad a puestos políticos y de administración de capital, incluso puede aceptar lanzar campañas a favor de la igualdad formal y contra la violencia machista. La clase capitalista es capaz de aceptar todos estos avances ya que son sólo avances parciales, tratará de desviar nuestra atención del problema fundamental, el problema que en última instancia más denigra a las mujeres trabajadoras: que, de una forma u otra, cobran menos en una sociedad dónde el status social viene determinado por el dinero que posees. Mientras los hombres cobren más que las mujeres seguirá existiendo una base para legitimar y justificar actitudes machistas. "Si la mujer cobra menos, será por algo..." esta mentalidad pervivirá de una forma u otra en la sociedad. Y, al mismo tiempo, mientras sea rentable la discriminación salarial, esta seguirá existiendo como herramienta indispensable del sistema.


Fuentes:

https://www.eldiario.es/zonacritica/Brecha-genero-condiciones-laborales_6_458164211.html

http://asesec.org/COSME/wp-content/uploads/Invited-article.pdf

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