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Jue18012018

Última actualización01:58:24 PM GMT


A las cosas por su nombre.

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a la cosas por su nombre

El inglés está tomando cada vez un papel más diario en nuestras vidas, desde pequeños lo tenemos ahí, crecemos con él en el colegio, las horas de extra escolar de inglés... Se podría decir que la idea de saber inglés está muy arraigada en la sociedad, pero ya no solo a niveles académicos, va mucho más allá, por ejemplo, ya no puedes ser un "moderno", ahora serías un "hipster", o puedes tener un estilo más "underground".

Podemos afirmar que existe toda una terminología inglesa socialmente aceptada para referirnos a ciertas cosas, incluso parte de la sociedad la prefiere porque les parece más atractivo. El problema viene cuando ese lenguaje a priori más atractivo nos hace olvidar lo que significa. El último caso son los "sinkies", que al parecer es el término para referirse a parejas jóvenes que, aun teniendo trabajo ambos, desean tener hijos pero no pueden hacer frente a los gastos que supone la paternidad.

Los grandes medios de comunicación españoles se han hecho eco de la noticia de los "sinkies", pero ninguno realiza un análisis de porqué existe este fenómeno entre los jóvenes. Lo cierto es que muchos medios han escrito sobre el tema de los "sinkies", si nos interesamos y buscamos un poco en la web podemos encontrar muchos medios distintos comentándolo, pero ninguno nos brinda un verdadero análisis de los motivos por los que existen parejas jóvenes que, aun trabajando, no pueden permitirse los gastos de tener hijos.

Los "sinkies" no son el primero de estos fenómenos de pobreza juvenil que son apodados con un mote que esconde la realidad que viven las personas a las que se refiere. ¿Recordáis la llamada "gerenación boomerang"? Sí, los hijos que ante la falta de oportunidades laborales se ven obligados a volver a casa de sus padres. Los motes que encubren la pobreza son muchos, pero detrás de esa pobreza cubierta de una masiva información irrelevante existe un culpable, el capitalismo.

Hay que volver a llamar a las cosas por su nombre, porque si el trabajo en el capitalismo es tan precario que no permite a las parejas jóvenes tener hijos, se le llama como debería, no con motes adulterados que nos abstraen de la realidad. A la pobreza no se le ponen motes, y al capitalismo tampoco.

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