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Vie28042017

Última actualización06:28:54 PM GMT


El deporte y la cultura, fuera del alcance de la juventud: ¿por qué son bienes de lujo?

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Por todas partes se nos proyecta como modelos de éxito a grandes deportistas o famosos cantantes que dedican su vida al deporte o a la música porque -según parece- son buenos en su oficio y se desfogan en largos e intensos entrenamientos o ensayos. ¿Pero qué nos encontramos en la realidad cuándo los jóvenes queremos practicar un deporte o desarrollar alguna actividad artística? Clases o cursos carísimos; falta de equipamiento e infraestructuras; escasas posibilidades de desarrollar una carrera profesional sin la inversión de grandes recursos o, para compensar esta carencia, entregarnos como propiedad a empresarios del mundo del espectáculo…

A nadie le cabe en duda que el desarrollo intelectual y físico del ser humano, especialmente en las etapas de la juventud, es fundamental para la formación de una personalidad y organismo sanos. Numerosos son los artículos, cada vez más novedosos, en los que expertos en salud, desde médicos y nutricionistas hasta psicólogos, recomiendan el ejercicio habitual, una buena alimentación y la dedicación de un tiempo diario a la lectura u otras actividades culturales. Las revistas dedicadas a estos temas llenan estanterías de kioscos y librerías, teniendo un gran público.

 Desde niños, los padres nos mandan con los amigos para “correr un rato”, “echar un partidillo” y despejarnos del día de colegio. Durante el verano estas actividades ocupan la mayor parte de nuestro tiempo, estando fuera de casa prácticamente todo el día. Conscientes de la importancia del deporte, los padres procuran apuntarnos a alguna actividad deportiva organizada e incluso, en algunos casos, nos animan a que toquemos algún instrumento.

Cuando llega 3º o 4º de la ESO, nuestro centro de preocupaciones gira hacia otros asuntos, pero el interés por la práctica del deporte y el aprendizaje cultural, en grado diferente según se ha cultivado durante la infancia, se mantiene a pesar de todo. Pasamos a dedicar más tiempo a la música, al cine... también a la animación virtual (videojuegos, aplicaciones, programas, etc.) o a la fotografía.

Aquellos con más interés, comienzan una dedicación específica hacia algunas actividades, que incluso puede convertirse en formación oficial para desarrollar un futuro trabajo (como ocurre con los diseñadores gráficos o programadores informáticos, por citar algunos ejemplos).

En el caso del deporte, el número de atletas se reduce progresivamente mediante avanza la edad y finalmente, con 17-18 años, solo se dedica a ello una minoría. ¿Dónde queda el resto? La mayoría adquiere unas obligaciones, sobre todo de tipo laboral y/o estudiantil, que les quita la mayor parte del tiempo. Cuantos más años, más complicado es dedicar el tiempo a algo que no sea el trabajo o los estudios.

Si como jóvenes queremos practicar un deporte de forma habitual, con la primera barrera que nos topamos es la disponibilidad de instalaciones para hacerlo. Ni siquiera en deportes comunes como el fútbol o el baloncesto hay instalaciones suficientes para todos aquellos que desean practicarlos. Ya no hablemos de otros deportes menos populares, aunque no por ello menos importantes. En otros casos, las instalaciones están abandonadas o semi-abandonadas, resultando imposible desarrollar algo organizado.

Con la ola privatizadora que se ha incrementado con la actual crisis del capitalismo, aún son menos los centros deportivos públicos, e incluso los municipales quedan en manos de empresas privadas. Por ejemplo, en el caso de la ciudad de Zaragoza, los principales gimnasios son privados y todos ellos cobran una matrícula superior a los 30 euros al mes solo por la utilización de las instalaciones básicas (sala de máquinas).

Precisamente ésta es la segunda barrera: el coste de las actividades, estando más de un 60% de los jóvenes en paro. Y para ello nos referiremos al caso de un grupo de jóvenes, con inquietudes en el mundo de la música, que intentar iniciar su carrera musical. ¿Qué apoyo tienen por parte de las instituciones públicas? Prácticamente ninguno.

Las escuelas de perfeccionamiento musical suelen ser privadas y muy caras, o tienen que desplazarse hasta otro barrio o localidad para aprender en un centro público algo más asequible. Asimismo, lo más básico, los instrumentos, suponen un coste muy elevado, imposible de financiar por parte de familias obreras o humildes. Una guitarra eléctrica de las más sencillas cuesta 300 euros solo el instrumento, sin amplificador; un teclado no baja de 500 euros, coste ya de por sí inasumible, pero comparado con un piano vertical de 2000 euros (¡de segunda mano!), casi una ganga.

En caso de que logren constituir un grupo, el siguiente reto es encontrar un local donde ensayar que esté acondicionado y cuente con el equipo adecuado (7 euros/hora en un espacio municipal). Nuevamente se dan de bruces con los altos costes que supone, lo cual es muy difícil de asumir para un grupo novel sin gran caché por el momento y que no obtiene apenas ingresos de su actividad.

Porque, ¿de qué manera pueden mostrar estos jóvenes su talento para seguir tocando? La única posible es mendigar a los propietarios de bares, pubs o salas de concierto, a las cuales tienen que pagar una suma de dinero por adelantado, asegurar un número de asistentes que consuman o entregar una parte de lo obtenido mediante la venta de entradas (con la dificultad previa de que consigan arrastrar a un gran público si las entradas suponen un coste para el público, tal como están las cosas).

Si después de superar estos enormes baches, el grupo de jóvenes músicos ha conseguido salir adelante, se verá abocado a nuevas dificultades, como encontrar la forma de grabar un disco, de tocar ante un escenario con más público o participar en un festival donde pueda promocionar su música. Todo ello si, evidentemente, cumple con los gustos musicales dominantes, es decir, si entran dentro de los cánones estilísticos de la gran industria musical capitalista, la cual prima el espectáculo grotesco por encima de la calidad musical o la novedad de las composiciones.

Citamos el caso del fútbol, la gimnasia y la música por ser los más comunes, pero bien podríamos hablar de jóvenes artistas dedicados al dibujo, a la pintura, a la fotografía, a la escultura… o jóvenes deportistas con otras aficiones al margen de los habituales deportes.

En la vertiente de jóvenes en tanto interesados en escuchar música, disfrutar de películas, exposiciones o ver deportes, más de lo mismo. El precio del cine se ha incrementado vertiginosamente (en el año 2000 costaba 500 pesetas –3 euros–, ahora 7 euros) y la calidad de las películas es cada vez peor (el predominio de Hollywood en la gran pantalla, con sus producciones comerciales). Los conciertos, a pesar de las decenas de patrocinios que tienen, suponen costes altísimos, difíciles de asumir. El deporte, a no ser que lo veamos a través de la televisión, donde también es utilizado como forma de distracción social, cuesta decenas de euros que van a engrosar directamente a los bolsillos de los capitalistas.

Pero la resignación no es una respuesta. La falta de oportunidades deportivas y artísticas para los jóvenes de familia trabajadora o humilde, de la cual son responsables directos los capitalistas que nos gobiernan, se puede combatir mediante la organización de la propia juventud. La miseria a la que nos condenan con el paro, las prácticas no remuneradas, los salarios insuficientes, los empleos temporales, las jornadas partidas, etc., arrojando al basurero toda una generación, se puede revertir mediante la organización de un Frente Obrero y Popular por el Socialismo.

La formación de un bloque de asociaciones estudiantiles, Comités de Unidad Obrera y asambleas de jóvenes, encabezado por la Juventud Comunista, además de ejercer una fuerte lucha en estos ámbitos para acabar con la dictadura de la burguesía y mejorar nuestras condiciones de vida, a su vez nos permite cubrir esas necesidades deportivas y culturales mediante la apertura de Centros Obreros y Populares con actividades en las que pueda participar toda la juventud.

En la lucha por una sociedad nueva, también tenemos que formar una conciencia nueva. Una forma de pensar basada en la solidaridad y cooperación entre jóvenes de una misma clase, con las mismas aspiraciones objetivas, contrarias a la degradación capitalista.

La mejora de las actuales condiciones de vida solo será obra de la propia clase obrera en lucha. La elevación física e intelectual, que hace posible el deporte y la cultura, no es preocupación de los gobiernos capitalistas, que utilizan todos los recursos extraídos a la clase obrera para engrasar el criminal aparato financiero, industrial y militar.

En contraste, sí es una preocupación fundamental de aquellos gobiernos dirigidos por los trabajadores en el poder. Repúblicas Socialistas como Cuba, Corea del Norte o las extintas URSS, República Democrática Alemana (RDA) o Rumanía, dedican/dedicaban una gran parte de los recursos del Estado a desarrollar el deporte y la cultura entre los jóvenes y la población en general.

Por ejemplo, en la RDA, los jóvenes trabajadores tenían derecho a dedicar una parte de su jornada laboral a la práctica de un deporte dentro del propio centro de trabajo. En Corea del Norte son habituales las iniciativas deportivas dentro de los propios centros de trabajo, con ejercicios de gimnasia diarios para mantener la forma física. Rumanía, un país ahora dependiente de la Unión Europea y sumido en la pobreza con altas tasas de emigración, en la época Socialista contaba con una de las mejores secciones gimnásticas de todos los equipos olímpicos. En la URSS, los alumnos aprendían a tocar un instrumento desde niños y luego podían continuar su carrera artística en las más diversas bandas según sus gustos musicales. Y quién no conoce el ejemplo de Cuba, formadora de los más grandes talentos de la música, desde música clásica hasta ritmos tradicionales como el punto cubano, el danzón o el son cubano.

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