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Afiliación sindical juvenil: Presente, pasado y perspectivas de futuro (1 de 2)

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Si estás leyendo este artículo y tienes entre 16 y 29 años puedes hacer el ejercicio de recordar cuantos de tus amigos, familiares o conocidos que tengan tu edad están afiliados a un sindicato. Seguramente podrías contarlos con los dedos de una mano y te sobrarían unos cuantos, quizás todos. ¿Cómo podemos interpretar este fenómeno? Desde Tinta Roja queremos lanzar una seriede claves para comprenderlo y especialmente para poder llevar a la práctica la tarea de revalorizar la figura de la herramienta básica de defensa de nuestros derechos laboralescomo jóvenes: El sindicato.

Empezando por el presente veamos qué nos dicen las cifras actuales de afiliación sindical. Para ello utilizaremos como referencia los datos que nos ofrece la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo más reciente1 que data del 2010. Esta encuesta oficial es una fuente aproximada puesto que la mayoría de sindicatos no hacen públicos sus datos de afiliación a excepción de CCOO.Los datos nos muestran que los factores que marcan una diferencia sustancial son: La edad, sector de actividad, y el tamaño de la empresa. Sintetizando, las tasas más bajas de afiliación las encontramos en jóvenes de 16 a 29 años, sectores como comercio, construcción, actividades administrativas, recreativas (ocio) y hostelería en empresas de menos de 10 trabajadores.

¿Cómo tenemos que interpretar estos datos? No hay que tomarlos de manera aislada pues todos los factores se relacionan entre sí. La mayoría de los jóvenes nos habremos sentido bastante identificados con el párrafo anterior, los sectores anteriormente mencionados son los típicos empleos temporales a los que accede la juventud cuando empieza en el mercado laboral. Empresas pequeñas en las que, según el jefe, los delegados y los sindicatos no son necesarios porque "aquí nos conocemos todos".Relaciones de caciquismo en las que el miedo, la inexperiencia y especialmente la falta de un referente sindical al que dirigirnos nos lleva a tragar con lo que hay. Es el cóctel perfecto para que el jefe pueda hacer y deshacer a su antojo a sabiendas de que no va a encontrar apenas resistencias por parte de sus empleados más allá de caras largas y algún "es una mierda pero es lo que hay" escuchado entre los pasillos durante el descanso.

Sin embargo a inicios de los años 80 el panorama era bien distinto. Tal y como muestra el cuadro siguiente, especialmente en las CCOO y sindicatos independientes, había un sector muy amplio de cuadros sindicales jóvenes que eran referencia para sus compañeros. Si bien hoy en día la situación ha cambiado, los datos nos muestran que no hace demasiado tiempo atrás las cosas eran diferentes, la situación del sindicalismo juvenil no siempre fue la misma. Más adelante veremos el por qué.

Cuadro12

Edad

Por sindicato

Muestra Entera

CCOO

UGT

OTROS

INDEPENDIENTES

26 o menos

13,5%

3,7%

9,7%

22,9%

12,7%

27-29

12,8%

6,1%

25,8%

12,9%

12,3%

30-32

17,7%

12,2%

12,9%

7,1%

13,6%

33-35

14,9%

15,9%

12,9%

7,1%

14,2%

36-41

18,4%

28%

19,4%

18,6%

21%

42-49

12,1%

13,4%

6,5%

20%

13,6%

50 y mayores

9,9%

20,7%

12,9%

5,7%

12%

(N)

(141)

(82)

(31)

(70(

(324)


En el mercado laboral español la temporalidad juvenil ha sido una constante desde hace décadas, si a esto le sumamos las últimas reformas laborales, la elevadísima tasa de paro juvenil y la facilidad al despido, las piedras en el camino se van sumando.En definitiva la estructuración del mercado laboral juvenil no facilita en ningún caso que la juventud de manera espontánea vea el sindicato como una herramienta de la que formar parte si hoy trabaja en un lugar, mañana en otro sector y el que viene en otro diferente. La falta de estabilidad es un factor determinante a la hora de comprender el fenómeno de la baja afiliación sindical en nuestro país.

Sin embargo sabemos que la afiliación sindical no es algo que se dé únicamente por el contexto laboral sino que hay una influencia fundamental por parte del movimiento obrero y concretamente de su parte más consciente, el Partido Comunista. No podemos entender el presente del sindicalismo sin remontarnos al pasado, al desarrollo del movimiento obrero y en concreto del movimiento comunista en España ligado a nivel internacional.

Y es que para entender el devenir actual del sindicalismo en el Estado español debemos remontarnos, como poco, a la propia fundación de Comisiones Obreras en los años finales de los 50 y principios de los 60.Tras la finalización de la guerra, sindicatos como la UGT o la CNT desaparecen casi por completo, por la represión inicial y la prohibición de la dictadura. Las primeras Comisiones Obrerascomenzaron a aflorarde manera espontánea a partir de 1957/58 y empiezan a consolidarse como estructura a partir del período movilizador que se desarrolla entre 1962 y 1966, con la apuesta del PCE por su durabilidad y la colaboración de otros sectores donde destacan los Curas Obreros. Las primeras Comisionesfueron la herramienta a la que recurrirán los trabajadores en estas primeras movilizaciones del tardofranquismo para poder subvertir la estructura del Sindicato Vertical. No obstante, en estos mismos años, ya en el seno del PCE comenzaron a encontrarse voces discordantes que proponían relajar el modelo organizativo y revisar los postulados clásicos de ruptura con el régimen franquista. Esto se da tras el ascenso a la dirección del Partido de personajes como Santiago Carrillo o Fernando Claudín, quienes rivalizarán con las posturas más clásicas de dirigentes del Partido como Dolores Ibárruri o Vicente Uribe en el seno del VI Congreso del PCE en 1960.

A pesar de todo, ni la clandestinidad ni las tensiones internas en el Partido impidieron que en España se desarrollen de forma imparable lasComisiones Obreras por todo el territorio y se articulen y organicen en coordinadoras provinciales en los territorios más desarrollados (País Vasco, Cataluña, León y Asturias), quienes surtieron de los principales cuadros a la dirección del sindicato a nivel federal en los años 70.

Fue en los años 70, con un régimen franquista que agonizaba en una profunda crisis económica y política a la vez que el dictador lo hacía en la cama, cuando Comisiones Obreras se referenció como el principal actor antifranquista, por encima de un PCE ya inmerso en las derivas eurocomunistas. Estas derivas, impulsadas en el VII y VIII Congresos, llevaron a cabo el cambio de un modelo celular de organización, donde había células por cada centro de trabajo que acumulaban en grandes empresas decenas de militantes comunistas interviniendo diariamente, a un modelo por "agrupaciones", que reunía de forma totalmente antileninista a todos los militantes de una región en una única agrupación. Este modelo, que en la práctica supuso pasar de la figura del "militante" al "afiliado", fue fatal para el desarrollo de un sindicalismo de clase dejando de participar activamente cada célula del PCE entre sus compañeros afiliados y supondrá la pérdida de rumbo por parte del que era el principal sindicato de trabajadores.

En esa tesitura llegaremos a la muerte del dictador, momento en el que se desencadenó un proyecto movilizador sin precedentes, especialmente en los tres primeros meses de 1976 donde se sucedieron las mayores movilizaciones de la Historia de España hasta la fecha.

Cuadro 23: Conflictos laborales en España según la OSCE, 1974-1976

Año

Número de conflictos

Número de trabajadores

Horas perdidas

1974

1.193

18.188.895

1975

855

10.355.000

1976

1.568

3.638.925

110.016.000

El impulso del éxito de estas movilizaciones incitó a impulsar la búsqueda de una central sindical unitaria en todo el Estado, la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS) junto a la Unión Sindical Obrera (USO) y a la Unión General de Trabajadores (UGT). La COS llegó a realizar una convocatoria de huelga general para finales de 1976 que, con Adolfo Suárez ya en el gobierno tras la caída de Arias Navarro, acabó resultando un fracaso ante el esfuerzo del régimen por impedir su éxito y buscando mediante el boicot de la huelga del Metro de Madrid, aparentar normalidad.

Tras este fracaso de la huelga general, provocado en gran parte por la dificultad que tenían desde el sindicalismo español por sacar convocatorias unitarias a nivel estatal y en parte por el esfuerzo del régimen franquista por boicotearla, se producirá una crisis en la COS que derivó en su disolución tras la salida de UGT y USO ante el miedo de perder la dirección en beneficio de unas Comisiones Obreras que constituían la mayoría.

Con el fracaso de la COS y la legalización de CCOO y el PCE se produce un fenómeno extraño. A la vez que había un aumento afiliativo en ambas estructuras sin precedentes, se verán incapacitados totalmente para llevar a cabo una oposición real a la dictadura franquista. Esta incapacidad es fruto directo de la falta de ambición que desde el PCE se llevaba viviendo en los últimos 10 años, con la renuncia a postulados que parecían básicos como puede ser la lucha por una República o el laicismo del Estado (¡Ni que hablar de su renuncia al socialismo!). Esto, evidentemente, se contagió en el seno de Comisiones Obreras, quien ya hacía varios años que se vanagloriaba de actuar de forma totalmente independiente del PCE, y que derivará en que su labor quedará reducida a la mera defensa de los derechos básicos conseguidos.

Con la legalización y los Pactos de la Moncloa, el PCE y CCOO perderán el poco ímpetu revolucionario que quedaba en su seno, derivando que hasta casi 10 años después (junio de 1985) no haya ni una sola convocatoria de Huelga General, comenzando a calar esa visión de un sindicalismo pasivo que, lamentablemente, nos ha llegado hasta nuestros días. No obstante, y a pesar de toda esa desidia generalizada, debemos entender que el que no haya convocatoria de huelga general no quiere decir que este período sea un período tranquilo ya que serán miles los trabajadores y cientos las empresas que convocarán huelgas sectoriales, provinciales o locales, gracias a la gran cantidad de sindicalistas y comunistas que seguían interviniendo en las bases, lejos de los grandes focos de la "modélica" Transición, y consiguiendo derechos y mejoras en sus condiciones de vida. Estos son los protagonistas que queremos recuperar, todos aquellos luchadores anónimos que con la llegada de la legalidad y la democracia siguieron comiéndose condenas de cárcel y palizas, llegando incluso a provocar escenas más propias de la dictadura con trabajadores muertos como en la localidad cántabra de Reinosa de 1987, en las movilizaciones en rechazo a la "reconversión industrial" que iba aarruinar la economía de la zona, donde la Guardia Civil ocupó el pueblo con tanquetas y vehículos blindados.

Nosotros consideramos que el sindicalismo no está muerto, aunque quizás sí que está herido, herido por la gran cantidad de jóvenes trabajadores que renuncian a la labor fundamental que tiene esta herramienta y a la denostación que provoca la mala imagen de sus cúpulas, invisibilizando la extraordinaria importancia que tienen los sindicalistas conscientes, de clase, que luchan día a día en sus centros de trabajo igual que lucharon durante los 60,70 y los 80 una gran cantidad de héroes de la clase obrera. Jóvenes sindicalistas que dieron el impulso necesario para arrancar a la patronal una gran cantidad de derechos y que siguieron apostando por la vía revolucionaria a pesar de las ingentes dificultades que se encontraron en el camino.


 Autoría: articulo conjunto de Alberto Montufo (Subdirector de Opinión) y Cristian Ferrer (Director de Tinta Roja).

Fuentes:

1:http://www.empleo.gob.es/estadisticas/ecvt/Ecvt2010/IN5/indice.htm#

2: Edad de los dirigentes sindicales en 1981. Robert M. Fishman "Organización obrera y retorno a la democracia en España" CIS, 1996. Pág 82, Cuadro 3.1

3: FERRER, C. Sindicalismo y democracia: El papel de Comisiones Obreras en la transición a la democracia en España (1971-1977). Universidad de Zaragoza: Zaragoza. 2016

 


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