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Mitos del Comunismo: El Comunismo ha fracasado

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mitos comunismo fracasado

Prácticamente cualquier joven, en algún momento de su vida, ha oído hablar del comunismo y, es más, muy probablemente lo habrá oído criticar. Algún conocido habrá dicho, por ejemplo, que el comunismo ha fracasado siempre que se ha intentado. En realidad, este tipo de afirmaciones carecen de un análisis político serio y concienzudo. Continuando con nuestra serie "Mitos del comunismo" vamos a seguir analizando muchas de las mentiras que se dicen para desechar el comunismo. Hoy vamos a demostrar cómo el comunismo no ha fracasado; hoy vamos a demostrar que el comunismo sí que funciona.

¿Quieres entender por qué a los trabajadores en España nos están robando? ¡Lee esto!

¿Quieres entender por qué te están robando cada vez que vas a currar? ¿Quieres saber por qué el comunismo no ha fracasado y por qué es algo que querrás defender en el futuro, si no lo haces ya? Pues para ello, necesitaremos explicar unos breves conceptos económicos. No te preocupes, aunque en el capitalismo se nos diga que la economía es una cosa complejísima y nos escupan mogollón de palabras raras y números, lo cierto es que comprender el funcionamiento económico y social básico está al alcance de cualquiera de nosotros y os lo vamos a demostrar.

En primer lugar, es importante comprender qué es eso del Capitalismo y eso del Socialismo-Comunismo. El capitalismo y el socialismo son modos de producción. Seguto que has oído hablar de ellos describiéndolos como ""sistemas económicos". Pero cuando decimos "sistema económico" da la impresión de que es algo que se reduce al dinero, ¿no? Algo, efectivamente económico y punto. Si hablamos de sistemas económicos parece que la sociedad no tiene nada que ver, ¿verdad? Es como si fueran, simplemente, la forma que tenemos de comprar y vender cosas, o la locura esa de "la bolsa" que parece que nadie sabe muy bien cómo funciona.

Nada de eso, el capitalismo y el socialismo son modos de producción y muy sencillos de entender de forma general. Un modo de producción no es otra cosa que la forma en la que una sociedad produce su riqueza, ya sean aviones, cochecitos de bebé, camisetas o teléfonos. Claro, no se hacían igual las sillas hace quinientos años en el taller de un carpintero que hoy en una fábrica de muebles. El concepto de modo de producción pone en relación a la economía con una sociedad porque, por un lado, la economía determina en última instancia los cauces del desarrollo social, y, por otro lado, la economía no tiene sentido en abstracto, al margen de los hombres y mujeres, al margen de la sociedad.

Hay dos elementos que caracterizan a todo modo de producción: por un lado las llamadas fuerzas productivas, que incluye a las personas que participan de alguna forma en la producción y a los medios de producción, y, por otro lado, las relaciones de producción.

Seguro que a tu amigo comunista le has oído hablar alguna vez de los medios de producción, ¿verdad? ¡Bien! ¡Nos acercamos a la cuestión fundamental! Los medios de producción (¡no los confundas con los modos de producción!) son, a grandes rasgos, todo aquello que utilizamos para producir: desde el martillo de un herrero a la máquina más compleja de una fábrica de coches, pasando por la electricidad o incluso la tierra en la agricultura.

Existe una diferencia sustancial entre el modo de producción capitalista (es decir, el capitalismo) y el modo de producción socialista (es decir, el Socialismo). La diferencia principal es quién es el dueño de los medios de producción.

Tal y como funciona el capitalismo, en el proceso de producción, se generan dos grandes grupos de personas, dos clases sociales. Una es el proletariado o clase obrera (las personas que producimos, es decir, las personas que creamos los productos en las fábricas, los que montamos los coches, los que hacemos sillas). La otra es la burguesía o clase burguesa (que son los propietarios de los medios de producción, es decir, de la fábrica y las herramientas). Entre estos dos grandes grupos, entre estas dos clases sociales, se produce una relación de producción.

Esto es muy sencillo de comprender: La relación de producción capitalista es el hecho de que el burgués sea el dueño de los medios de producción y el proletario, el obrero, como no tiene medios de producción trabaje para el burgués ¿Qué es lo que sucede? Pues que el obrero produce la riqueza y el burgués, solo por ser el dueño de la fábrica, se apropia de lo que el obrero ha creado. Es decir, que el burgués se enriquece sin producir nada. El burgués se enriquece gracias al sudor de otro. Lógicamente, esto es una injusticia y, por ello, se producen dos intereses enfrentados: por un lado, los proletarios están interesados en que se acabe esta explotación; por otro lado, los burgueses quieren mantenerlo. Claro, para ellos, para los burgueses, es genial, ¡se enriquecen con el trabajo de los demás!

El Socialismo-Comunismo1 consiste, fundamentalmente, en eliminar esta injusticia. Si buscas en los textos de Marx no dice "los comunistas queremos eliminar esta injusticia": él es un poco más preciso y dice "queremos abolir la explotación del hombre por el hombre". Lo digamos de una forma más coloquial o más técnica, la cuestión de fondo es la misma. Básicamente, en el Socialismo-Comunismo no hay una injusticia social porque el propietario de los medios de producción (el propietario de las fábricas y las herramientas, en resumen) es el conjunto de los trabajadores y no un único propietario, no un burgués que explota a sus trabajadores. Esto, por supuesto, es mucho más democrático, y desde luego es mejor para ti y para mí. Pero créeme cuando te digo que a los ricos del mundo no les gusta.

El comunismo no ha fracasado: fracasó su revisión

¡Y llegamos a la cuestión fundamental! ¿El comunismo ha fracasado? La respuesta es fácil: ¡Ni de coña! No, el comunismo no ha fracasado.

Verás, cuando yo era crío, en mi barrio había un matón de mi edad que se dedicaba a pegarnos a mí y a mis compañeros de clase para robarnos el dinero del almuerzo. Un día, mis amigos y yo, cansados de esa injusticia, nos reunimos toda la pandilla y fuimos a exigirle nuestro dinero. Al final tuvo que ceder, conseguimos recuperar nuestra pasta y durante un tiempo el matón estuvo tan asustado de nosotros que no se atrevió a volver a atacarnos. Pero el tiempo pasó, se hizo colega de los matones de otros barrios y, de nuevo, todos los matones en manada intentaron robarnos el dinero del almuerzo. ¿Y qué pasó entonces? Pues ahora te cuento...

Te explicaba hace poco que, a los ricos del mundo, el Socialismo no les gusta. Es lógico, ¿no? Pues en la historia que te he contado, el burgués es el matón de mi barrio. Él vivía de una injusticia, vivía de nuestro dinero, de nuestra riqueza, hasta que le hicimos frente. A este enfrentamiento entre los compañeros justos y los matones injustos (que en la sociedad es la oposición entre los proletarios y los burgueses) es a lo que Marx llama lucha de clases.

La lucha de clases continúa dentro del Socialismo. A fin de cuentas, que los proletarios nos hagamos con los medios de producción no significa que los burgueses hayan desaparecido, de la misma forma que el que yo, de crío, recuperara mi dinero no significaba que el matón de mi barrio ya no viviera en el portal de enfrente. Es cierto que las relaciones habían cambiado: desde que le habíamos plantado cara, mis amigos y yo mandábamos sobre el dinero de nuestro almuerzo, que para algo era nuestro. Sin embargo, si mis amigos y yo nos descuidábamos o si alguno de ellos, de repente, se hacía colega de los matones corríamos el riesgo de que, de nuevo, volvieran a atacarnos y a robarnos las pelas. En el Socialismo pasa exactamente lo mismo: la lucha de clases continua y, antes o después, los burgueses (los matones) volverán a atacar. Si se hacen demasiadas concesiones al capitalismo, si no se mantiene la lucha constante contra él, es posible que en el país se regeneren las relaciones de producción capitalistas, es decir, es posible que el matón vuelva a mandar y hacer su voluntad.

Esto es lo que pasó, sin ir más lejos, en la Unión Soviética: los países capitalistas -los matones del mundo- generaban una presión que, mediante corrupción, ataques, guerras, etc., provocó que en el país se fueran reincorporando las relaciones de producción capitalistas por diversos medios hasta que el capitalismo fue totalmente reinstaurado produciendo hambres, muertes y paro. ¿Fracasó entonces el Socialismo? ¡No! Fracaso su revisión, fracasó la reintroducción de relaciones capitalistas, fracasó la idea de que se podía conciliar los intereses de la burguesía y del proletariado, igual que hubiera fracasado intentar conciliar los intereses de mi pandilla y los de los matones de mi ciudad. Lo que destruyó al pueblo ruso no fue el Socialismo-Comunismo que había mejorado y mucho sus condiciones de vida, sino el capitalismo traidor que, desde dentro y desde fuera, fue reintroducido en la Unión Soviética para contentar a los matones del mundo, a los burgueses, a costa de los derechos de los trabajadores de toda la URSS.

El retroceso de las posiciones socialistas en el mundo y la desaparición de países socialistas no se deben a un mal interior del socialismo, no se deben a que la economía y la sociedad socialista no funcionen o a que los trabajadores vivan peor en el socialismo sino a que la lucha de clases sigue viva y, como decía el Che Guevara, "no se puede confiar en el imperialismo2 ni tantito así".


[1] ¿Sabes por qué hablamos de Socialismo-Comunismo? Descúbrelo en la noticia anterior: Mitos del Comunismo: La dictadura comunista. http://tintaroja.es/cultura/1752-mitos-del-comunismo-la-dictadura-comunista

[2] El imperialismo es una fase desarrollada del capitalismo y no, como se suele pensar, una simple política expansionista de algunos países. Muchas veces, cuando hablamos de "imperialismo" nos referimos -aunque de forma imprecisa- a las burguesías de los países capitalistas más desarrollados. En realidad, el imperialismo, como es una fase del capitalismo, es un sistema que incluye a todos los países capitalistas (y particularmente a sus burguesías nacionales) y no solo a los países capitalistas más desarrollados.

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