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Vie03072020

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Mujeres de armas tomar

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"Desde aquel momento, el "No pasarán" se hizo carne en la resistencia del pueblo.

Las calles de Madrid y de todas las ciudades y pueblos importantes eran campamentos militares.

Abandonar la calle significaba exponerse a que la tomase el enemigo, porque éste estaba en todas partes.

Había un gran nerviosismo.

La presencia de mujeres armadas despertaba la emoción y la simpatía de todo el pueblo."[1]

El 19 de Julio de 1936, en nombre del Partido Comunista, Dolores Ibárruri hablaba al pueblo por la Radio del Ministerio de la Gobernación, lanzando una llamada a la resistencia contra el Golpe de Estado de corte fascista, y que movilizaría a miles de hombres y mujeres[2]. Mucho se ha escrito sobre estos días de infarto, sobre el No Pasarán, sobre la toma de las armas, el asalto al Cuartel de la Montaña, la formación del Quinto Regimiento. Sin embargo, y por ello, hoy vemos necesario resaltar y reivindicar el papel crucial que durante estos tres años de guerra desempeñaron tantas mujeres, que no siempre han sido reconocidas por la Historia.

Podemos decir que la derrota en la guerra significó para la mujer una doble tragedia. Por un lado, la desaparición de la Segunda República, un sistema democrático por el que muchos apostaban de cara al empoderamiento del pueblo y como paso previo a una revolución social, pero también, por otro lado, la pérdida de los beneficios económicos, sociales y políticos ganados durante años para las mujeres. Por eso, la lucha en la guerra desempeñada por las mujeres, en los diferentes ámbitos, tenía consigo un valor especial: el de salir del rol que tradicionalmente la sociedad patriarcal les había asignado, para luchar, no solamente por la libertad y por el poder popular, sino también por la supervivencia de los pocos derechos que habías ido adquiriendo en un país tan desigual[3].

Porque las mujeres perdieron la guerra y con ella, el reconocimiento legal de algunos de los derechos que tanto había costado ganar; pero perdieron también las esperanzas de que se generalizasen cambios de las relaciones de género en la sociedad española, cambios planteados desde posiciones feministas o, simplemente, entre aquellos que abogaban por una normalización política que para serlo de veras debía incluir a las mujeres[4]. Son estas particularidades, así como un contexto tan combativo como el de la Europa de 1936 los que explican, en parte, la gran e intensa incorporación de las mujeres a la vida política española, no solamente desde su papel de votantes y de candidatas al Parlamento, o ministras como Margarita Nelken o Federica Montseny sino en asociaciones, partidos políticos, comités de barrio u organizaciones sociales y culturales.

Hablamos de mujeres extraordinarias que, ninguneadas por su condición sexual irrumpen en un mundo atribuido a los hombres, castigadas por hacerlo en un contexto tan poco acorde con la generalización de su rol social. Estas mujeres fuertes y decididas, denominadas "heroínas de la patria" que se enrolaron en las milicias los primeros días, desempeñaron a lo largo de la guerra grandes labores en la Prensa, la Cultura, la vida en la retaguardia, las relaciones internacionales, el Socorro Rojo pero también en otras tareas auxiliares, pasando a ser denominadas entonces "heroínas de la propaganda"[5] Podemos hablar de María Teresa León, y su gran labor en el traslado y la salvaguarda de los cuadros del Museo del Prado o al frente de las Guerrillas del Teatro, aunque, lamentablemente, sea sobre todo conocida por ser la mujer de Rafael Alberti.

No queremos quedarnos en una llamada simplista al recuerdo que elogie la importancia de las mujeres en la retaguardia de ciudades sitiadas y bombardeadas durante casi tres años, sustituyendo a los hombres en la industria o como protectoras de la familia. Precisamente, en este recuerdo queremos huir de la reproducción de estereotipos de género y de la despolitización de la mujer, como sujeto de la historia, que solamente evita que se recuerde el ejemplo que constituyó su lucha en las filas y retaguardia republicanas, pero también de años anteriores de combatividad y sacrificios. Las mujeres durante la guerra se agruparon en organizaciones de mujeres de izquierda, como, en especial la Agrupación de Mujeres Antifascistas.

Se trata de un papel que ha sido tantas veces olvidado o menospreciado, lo que, en parte, también explica la ausencia de nombres de mujeres en la Historia del antifranquismo, en el exilio, o de la resistencia interior, lo que no significa que no estuvieran. Por eso, para terminar este texto, queremos recoger el testimonio de Constanza Martínez, que había pasado la Segunda Guerra Mundial en un campo de concentración nazi: "mis compañeros y compañeras militantes españoles nos unimos en seguida a la Resistencia, en Francia, contra los nazis, porque aquella lucha la sentíamos como propia, considerábamos un deber defender la libertad donde fuese, como en España, frente al alemán, porque era nuestro virtual enemigo, los que habían ayudado a Franco a ganar la guerra"[6]. Se trataba, así, además, no solamente de una lucha contra el fascismo, sino también de una oposición a la subordinación de la mujer que llevaba años gestándose.

"Se cerraba una página gloriosa y trágica de nuestra historia. Un nuevo período de lucha comenzaba. Los caídos eran invencibles. En los surcos, abiertos por la guerra en las entrañas de España, germinaba una nueva generación de combatientes."[7]


[1] IBÁRRURI, Dolores (1992 [reedit.]): El único camino. Castalia: Madrid.

[2] Ibid.

[3] ÁLVAREZ-URÍA, Fernando (2013): "Mujeres y política. Las políticas de las mujeres en la España de la Segunda República y la Guerra Civil" en Papers pp. 629-646

[4] TAVERA, Susana (2005). «La memoria de las vencidas: política, género y exilio en la experiencia republicana». Ayer, 60 (4), 187-224.

[5] STROBL, Ingrid (1996): Partisanas. UAB: Barcelona.

[6] RODRIGO, Antonina (1999): Mujer y exilio.1939, Madrid, Compañía Literaria.

[7] IBÁRRURI, Dolores (1992 [reedit.]): El único camino. Castalia: Madrid.

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