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Cazafantasmas, un cambio de perspectiva

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Hoy en Tinta Roja hablaremos del nuevo remake de Cazafantasmas. Llegaba como una de las películas que había que ver sí o sí este verano, tanto por ser una saga clásica que tiene gran calado en el imaginario colectivo como por el cambio de roles que tantas ampollas ha levantado entre crítica y público. Por esto, es una película que puede hacernos pasar un buen rato y, además, reflexionar sobre ciertos puntos.

 No hace falta mucha presentación de Cazafantasmas. Aún sin haber visto ninguna película, su melodía y personajes forman parte de la cultura popular, y es rara la convención en la que un grupo de amigos no vaya caracterizado con los inconfundibles trajes y artilugios. En una etapa del cine en la que parece no haber ideas nuevas, o por lo menos que la industria no se atreve a asumir demasiados riesgos y recurre a las viejas fórmulas que antes funcionaban, tarde o temprano se iba a recurrir a un clásico como Cazafantasmas.

Pero, ¿Realmente puede funcionar una misma fórmula después de tantos años? Es evidente que lo que era válido en 1984 quizás no lo sea tanto en pleno 2016 y, más aún, ante la crisis por la que está pasando la industria del cine, podemos empezar a ver intentos algo desesperados de recuperar los espectadores que han perdido durante estos años.

A nadie se le escapa, el público femenino siempre ha sido maltratado en la industria cultural, y empezar a plantear personajes femeninos más desarrollados y que vayan teniendo más protagonismo parece ser una manera de llamar a ese 50% del público que siempre han ninguneado. Posiblemente el aumento de conciencia feminista de estos últimos años también ha tenido que ver en este nuevo enfoque que se le ha dado al clásico, pero no por ello Sony, la productora, deja de sacar beneficio del patriarcado ni esta película puede calificarse como feminista o anti-racista. Más aún cuando utiliza gran cantidad de estereotipos que reproducen el racismo y machismo de nuestra sociedad.

Dejando claro esto, es divertida, empatizas con las protagonistas y es medianamente coherente dentro del género. Nos sitúan en Nueva York, el escenario de toda película en la que se plantea un grave peligro para la humanidad, y nos van presentando a las protagonistas: Tres científicas que quieren ayudar a explicar un poco mejor el mundo y una trabajadora del metro invisible en su día a día que decide unirse al grupo, poniendo el toque de calle y valiente que faltaba. Encontraremos multitud referencias a la película del 84, guiños a clásicos del cine que tratan la temática de lo paranormal, incluso cómo el estado capitalista utiliza la histeria colectiva según le conviene o la presión que supone a los científicos la búsqueda subvenciones y apoyo para sus investigaciones.

Como en toda película de este tipo, tiene que haber una Pitufina: un personaje femenino que va con el grupo de hombres protagonistas que hace frente a los desafíos que plantea la historia. Suele estar hipersexualizada, y su papel en la película no suele ir más allá de hacer de reclamo publicitario. Con el cambio de roles en esta película, nos queda un Pitufino que tiene que enfrentarse a situaciones que las mujeres tenemos normalizadas (preguntas sobre la vida privada en entrevistas de trabajo, ser consideradas continuamente floreros andantes que no aportan nada, cierto acoso sexual en el trabajo...). Este cambio hace ver cómicas situaciones cotidianas que están lejos de serlo, y en cierta parte puede ayudar a sentir algo de empatía a ciertos espectadores, que al fin y al cabo es la gracia de que te cuenten una historia: ponerse en un lugar que no es el tuyo, hacerte ver, escuchar, sentir, lo que otra persona. Es un planteamiento que da juego, y saben explotarlo.

Supongo que no hará falta recalcar lo que beneficia al capitalismo que el pensamiento idealista de un más allá esté presente en gran parte de la producción cultural, siendo una correa de transmisión ideológica tan determinante. Quizás deberíamos profundizar más acerca de la historia del superhéroe para poder hacer una interpretación más acertada al respecto, pero es evidente que estas historias en las que la humanidad se ve amenazada y sólo un individuo o grupo reducido puede poner solución también tienen implícito un ataque ideológico. Al fin y al cabo, estas producciones no dejan de reflejar un sistema con fecha de caducidad que hará lo imposible para sobrevivir y que irá hasta las últimas consecuencias en contra del poder de emancipación del pueblo. En este caso concreto, además, vemos el enfrentamiento de lo viejo contra lo nuevo, el resurgir de los fantasmas amenazando el presente, el orden establecido.

Tristemente, esta película ha tenido más publicidad por el odio que por la inversión de la productora. Y no por ser una vuelta de tuerca del idealismo de siempre, ese que tanto ha entorpecido el avance de la humanidad; no por tirar de estereotipos; no por sus fallos argumentales, ni por errores técnicos que pueda tener; ni por ser para toda la familia, con las limitaciones que tiene. Ha sido, simplemente, porque estamos demasiado acostumbrados a ver a los hombres en los papeles más heroicos, y no como simples ayudantes segundones. Porque cuando un hombre se enfrenta a lo que se enfrentan las mujeres a diario, de repente no nos parece tan normal.

El que las actrices, especialmente Leslie Jones, hayan tenido que aguantar tantos insultos racistas y machistas y el que una de las principales críticas a la película sea el cambio de género de los protagonistas deja claro que queda mucho pendiente. Teniendo en cuenta que la industria del cine intenta expandir beneficios intentando llamar al público femenino a la vez que se sigue alimentando del machismo y racismo, todo apunta a que esta tendencia es uno de esos cambios para no cambiar nada. Si, tenemos más protagonistas, más personajes femeninos definidos y con profundidad, pero sigue siendo la misma historia, sigue sin ser suficiente.

De momento, con palomitas, humor absurdo, cierta nostalgia y una de las pocas tardes que quedan de verano, sólo puedo decir una cosa: disfruten de la película.

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