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Valentina Tereshkova, un ejemplo de la mujer soviética

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Este mes se cumplen 51 años desde la primera vez en la historia de la humanidad que una mujer viajaba al espacio exterior. Sucedió en la Unión Soviética como punto y final del programa espacial Vostok, que pondría en órbita dos años antes al primer hombre en el espacio, Yuri Gagarin. Se trata de Valentina Tereshkova, quien a sus 26 años de edad, el 16 de junio de 1963 se embarcaría a bordo de la nave Vostok 6. Fue condecorada por ello con la Orden de Lenin como Heroína de la Unión Soviética.

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"Aquí Chaika , aquí Chaika. Veo en el horizonte una raya azul: es la Tierra. ¡Qué hermosa! Todo marcha espléndidamente." Fueron las primeras palabras que la base espacial Baikonur recibió por radio de la joven cosmonauta, y no es de extrañar que "Chaika" rebosara tal entusiasmo, pues durante el viaje, que duraría 70 horas y 50 minutos, la nave orbitaría la Tierra un total de 48 veces, es decir, que Valentina tuvo la oportunidad de ver un nuevo amanecer cada hora y media más o menos. "Posiblemente ustedes no pueden imaginar lo hermoso que es. Cualquiera que vea la Tierra desde el espacio exterior, no puede dejar de ser asaltado por una sensación de reverencia y amor por este planeta que es nuestro hogar", decía unas horas más tarde.

De niña, Valentina observaba el ferrocarril en su Yaroslavl natal mientras soñaba con ser conductora, recorrer el país de punta a punta y conocer a todo tipo de personas, aunque años más tarde una dolencia cardíaca sufrida por su madre frustró su intención de estudiar en el Instituto Ferroviario. En lugar de ello, trabajó durante un año en el taller de montaje de una fábrica de neumáticos, y posteriormente se dedicó a la industria textil en la factoría de tejidos Krasny Perekop, mientras completaba sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial en una escuela nocturna. Además de esto, practicó desde muy temprana edad el deporte del paracaidismo en el club de aviación de su localidad, llegando incluso a convertirse en instructora de esta modalidad a la edad de 22 años. Como a tantas otras personas, a Tereshkova siempre le apasionó la idea de poder volar.

En 1960 ingresó en el Komsomol (Unión de Jóvenes Comunistas), y fue elegida secretaria de esta organización en su centro de trabajo en la industria textil. Ese mismo año se graduó por fin en la escuela de ingeniería técnica.

Atraída por los valiosos avances de la investigación espacial que la URSS estaba llevando acabo por aquella época y aprovechando su experiencia como paracaidista, no dudó en presentarse voluntaria como futura cosmonauta en el Destacamento de Cosmonautas Soviéticos, y aunque carecía de la formación adecuada para ello, la agencia espacial decidió incluirla, junto con otras tres mujeres, en un programa de preparación nada condescendiente y en el que no se hacía ningún tipo de distinción de género. "El cosmos no es indulgente con las mujeres", declaró ella misma en una reciente entrevista con motivo del 50 aniversario de su vuelo. Tampoco el Estado proletario lo era, y Valentina Tereshkova es solamente un ejemplo de ello, quizá el más conocido.

La Unión Soviética no solamente fue el primer país en promocionar la introducción de mujeres en labores que hasta entonces injustamente sólo habían desempeñado hombres, el Estado soviético realizó significativos progresos en materia de igualdad y derechos, siendo en 1920 el primer estado en legalizar y asegurar la gratuidad de la interrupción del embarazo. También el divorcio, el matrimonio civil al margen de la iglesia o la igualdad salarial fueron conquistas de la nueva sociedad socialista. Esta oleada de derechos provocó, entre otras cosas, que por todo el mundo se extendiera el temor a que las mujeres más conscientes encontraran en el socialismo una posible solución a su deplorable situación, por lo que a raíz de la Revolución de 1917, muchos países comenzaron a otorgar a las mujeres derechos tan esenciales como el sufragio.

Pero tanto en materia de derechos sociales como en la investigación tecnológica en general, y la espacial en particular, la URSS no libraba ningún tipo de "carrera" contra el resto de potencias por ver quién era capaz de alcanzar más logros, aunque sus constantes éxitos suponían incómodos toques de atención para los países capitalistas, que no eran capaces de concebir ningún tipo de avance en beneficio de la clase trabajadora y los sectores socialmente más desfavorecidos, como la mujer. En cambio, en el socialismo la mujer alcanzó cotas entonces impensables en otros países del mundo. Valentina Tereshkova fue sólo un ejemplo de que no había límites incluso más allá de la estratosfera.


Kevin Álvarez es miembro del Comité de Redacción de Tinta Roja.

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