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Vie18102019

Última actualización09:36:03 AM GMT


Violencia contra la mujer joven, ¿y eso por qué?

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Si habláramos de la violencia machista sin tener en cuenta las condiciones de vida en las que coloca la explotación capitalista a la mujer trabajadora, podría parecer que las mujeres de todas las clases sociales están en las mismas condiciones penosas de salarios bajos, temporalidad, tener que asumir las tareas domésticas y los cuidados familiares y estar al borde de la pobreza.

Pero, ¿acaso no es cierto que las mujeres de la burguesía están desde hace tiempo liberadas de las tareas del hogar e incluso del propio trabajo?

Entonces, el 25N, día mundial contra la violencia machista, ¿comparten las mismas reivindicaciones las mujeres trabajadoras que las mujeres burguesas?

........

La violencia contra las mujeres constituye según la OMS "un problema de salud global de proporciones epidémicas". Los datos de violencia contra las mujeres van en aumento, independientemente de la edad o el país y nos reflejan una aterradora situación.

La alarma se dispara cuando hablamos de mujeres jóvenes: cuando observamos que más de un 25% de las mujeres víctimas mortales de una agresión en España contaba menos de 30 años de edad1. La proporción de mujeres asesinadas en el tramo de edad que va entre los 15 y los 24 años de edad es la más alta de todos los tramos2.

Cuando hablamos de violencia contra la mujer tenemos necesariamente que hablar también de la violencia ejercida por la explotación, la discriminación salarial en el trabajo, el acoso que se da en los centros de trabajo, de estudios, en los hogares.... Y toda esta violencia no es ajena al sistema capitalista, sino que es generada por él.

Y es que el nivel de paro de las mujeres de menos de 25 años es del 53,7%, la desigualdad salarial en España se sitúa según los últimos datos de la UE en un 23%, lo que implica que para ganar el mismo salario que un hombre en el mismo trabajo deberíamos trabajar 84 días más al año de media, la temporalidad de las mujeres menores de 30 años se sitúa un 36% por encima que los hombres de la misma edad3....

Según estadísticas de la UE la tasa de riesgo de pobreza femenina se coloca en el 13,1% frente al 10% de la masculina

El resumen de todos estos datos es que con el recrudecimiento de la crisis del sistema capitalista la mujer trabajadora es ocupada en puestos de trabajo menos remunerados, ve reducido su salario, es golpeada con la precariedad y el trabajo a tiempo parcial, viendo como el precio de su fuerza de trabajo se sitúa por debajo del coste de reproducción, lo que significa miseria y dependencia económica.

Es la propia lógica del capitalismo quien coloca a la mujer trabajadora en una posición de subordinación y de exposición a la violencia. La división sexual del trabajo que coloca a la mujer en condiciones de mayor vulnerabilidad en el trabajo también sirve a la necesidad que tiene el capital de garantizar la reproducción y el cuidado de la fuerza de trabajo de forma gratuita. Así la mujer trabajadora en el capitalismo asume además la responsabilidad de los cuidados domésticos, de los hijos y de las personas dependientes en el hogar.

Con la entrada de la mujer en el mercado de trabajo la rígida estructura de la familia tradicional se modifica y adapta a las nuevas condiciones, pero continua primando desde los planos de la moral, las costumbres y la ideología un peso mayor en la mujer para garantizar que el trabajo doméstico y de reproducción sea cubierto desde la parcela de familiar.

Eso sí, aquí la diferencia de clase también es notoria. El desarrollo técnico permite perfectamente pensar en comedores y lavanderías colectivas, en una educación gratuita y de calidad a todos los niveles, en cubrir todas las necesidades generadas por situaciones de dependencia, en un aborto libre, seguro y gratuito... En definitiva el desarrollo técnico permitiría gran parte de los aspectos que ponemos encima de la mesa cuando hablamos de la liberación de la mujer. ¿Cuál es el problema entonces? La propia lógica capitalista que genera que únicamente quien se enriquece con el trabajo de la clase obrera pueda avanzar en esta materia. Las mujeres de la burguesía hace ya mucho que han avanzado en liberarse de lavar la ropa, cuidar de niños o ancianos, limpiar la casa...

Y este caldo de cultivo de explotación, subordinación, dependencia y miseria es el perfecto no sólo para el mayor beneficio del capital, sino también para la opresión y la violencia machista.

La UE imperialista y el gobierno español dictan toda una serie de medidas encaminadas a remontar los beneficios de los monopolios, y nos colocan a las trabajadoras en primera línea de estos ataques con la clara lógica de recurrir a la mano de obra más barata, flexible y explotable en el trabajo. Al mismo tiempo aumenta la presión para atender las tareas domésticas, el cuidado de la infancia, ancianos y enfermos, a través de privatizaciones en educación, sanidad y dependencia. Se reducen o eliminan los ya de por sí escasos derechos sexuales y reproductivos, y se colocan únicamente al alcance de quien pueda pagarlos. De la misma manera desaparece la posibilidad de vivir de nuestro salario, con las continuas contrarreformas laborales y de las pensiones y los ataques a la negociación colectiva. Todas estas medidas que condenan a la miseria al conjunto de la clase obrera, suponen colocar a la mujer trabajadora en un riesgo extremo de pobreza.

Cada vez más mujeres, especialmente las jóvenes, se encuentran en situación de dependencia económica, aumentando el riesgo de ser víctimas de violencia, la inseguridad, la vulnerabilidad y el miedo. Y pese a que las bases materiales que generan la violencia se refuercen las denuncias disminuyen, de la misma manera que van disminuyendo los escasos recursos públicos destinados a proteger a las víctimas.

Por eso es hora de que las mujeres trabajadoras levantemos la cabeza y asumamos un puesto de combate por el derrocamiento del capitalismo. Porque solo con la lucha conjunta de la clase obrera por el socialismo estaremos avanzando en construir unas relaciones basadas en el fin de la explotación, la justicia y la igualdad. Porque es hora de dejar de consentir la violencia que este sistema ejerce contra nosotras en sus múltiples formas y tomar partido.

 

Notas:

1. Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género

2. Centro de Violencia de Género. Programa de Asistencia Psicológica de la Diputación Foral de Álava y del Ayuntamiento de Vitoria – Gasteiz y Universidad del País Vasco

3. EPA

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