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Jue19072018

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En boca de todos: Bitcoin

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El bitcoin ha aparecido continuamente en las redes. Quizás en tu cena de Navidad algún tío o cuñado lo ha mentado: una apuesta segura que cuando ha pegado el bajón todo el mundo sabía que iba a bajar, o eso dicen. Vamos a hacer un pequeño repaso de qué es y hasta dónde ha llegado, aplicando cierta perspectiva marxista.

El Bitcoin forma parte del mundo de las criptomonedas. ¿Qué es una criptomoneda? Un medio virtual de intercambio, un conjunto de datos que se hacen llamar moneda, que tiene unidades que se subdividen y que imitan al dinero para intentar suplantar a aquellas monedas que, respaldadas por un Estado, nosotros usamos a diario. Se hacen distinguir por su descentralización, falta de control y en teoría, cierta privacidad que le da ese atractivo del mundo del hacking y la privacidad, que tanto llaman en un mundo en el que nuestra privacidad está en continuo entredicho.

Breve historia y funcionamiento

Yendo al Bitcoin, en torno a 2009 una persona o conjunto de personas bajo el pseudónimo Satoshi Nakamoto diseña y hace público el código de Bitcoin, una moneda virtual que, sin supervisión de entidades financieras, serviría para hacer transacciones, buscando en teoría cierto nivel de privacidad y descentralización. A través del minado, es decir, de la resolución de problemas lógicos, se invertiría la potencia de procesadores de ordenador en dar validez al Bitcoin dentro de la Blockchain, una especie de libro de cuentas público en el que constaría cada transacción de Bitcoin entre carteras virtuales. La función de la Blockchain es sustituir al banco que certificaría que el dinero que tú has transmitido a otra cuenta existe y se ha movido de un lugar a otro, evitando que no llegase a la otra cuenta o que se hiciera varias veces fingiendo que no se ha hecho. El resto de usuarios dentro de la Blockchain certificarían la validez de los Bitcoins transmitidos, cumpliendo la función del banco. Los usuarios dentro de la cadena comprueban y validan la transacción, asegurándose del movimiento de Bitcoin y certificándola. Esto es posible porque, aunque no se conocen los propietarios de las carteras, sí se sabe qué carteras son y cuántos Bitcoin tienen. Esto podemos verlo en la https://blockchain.info/es. Así es como el Bitcoin se autovalida. Todo el funcionamiento de Bitcoin, todo el Bitcoin que puede haber e incluso la cantidad de transacciones en un tiempo determinado están escritas en su código, y no se puede salir de este.

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Con respecto al minado, es el proceso por el cual se generarían bitcoins que se respaldarían con trabajo, como forma de hacer seguro y comprobado el bitcoin. Como hemos dicho, procesadores como los del teléfono o el ordenador desde el que lees esto dedicarían su electricidad y su capacidad propia de procesamiento, es decir, todas las horas de diseño y trabajo entregados a producir todo el hardware de procesamiento se dedicarían, finalmente, a resolver problemas matemáticos a cambio de bitcoin. El objetivo de estos problemas es encontrar el hash, el código único del bloque (parte de la blockchain) a minar que daría acceso a una cantidad determinada de bitcoins. Con el minado del primer bloque se obtuvieron 50 bitcoin, y fue posible accede a él con un ordenador normal. Hoy, encontrar el hash de un bloque es extremadamente difícil: nos enfrentamos a enormes granjas de procesadores gráficos dedicados a buscar ese código, con una inversión de miles y miles de euros, con gente cooperando en pools para poder acceder a parte del pastel, es decir: cada vez cuesta más y más descubrir el hash de un bloque y se obtienen 12,5 bitcoin por cada bloque descifrado, pues cada cuatro años está fijado por su propio código que la cantidad de bitcoin a obtener será la mitad. Con cada bloque minado, toda la blockchain certifica esos bitcoin y los respalda, aparecen en el libro de cuentas. Es una manera de asegurar mediante el trabajo la validez de cada bitcoin, una manera que excluye desde hace tiempo a los ordenadores caseros de la posibilidad de enriquecerse con el minado de bitcoin.

Del desarrollo del bitcoin a la burbuja

A la cada vez mayor popularidad del bitcoin le sucedió la entrada de cada vez más personas en el mundo de esta criptomoneda. Empresas enteras comenzaron a financiar la construcción de granjas entregadas a minar bitcoin. Se empezó a especular con la idea de invertir en máquinas específicas para minar y hacerse un hueco en el mundo del dinero virtual. Sin embargo este tipo de inversiones no tienen un carácter productivo, son inversiones en capital constante (trabajo muerto, es decir, trabajo pasado de la clase trabajadora) pero no en capital variable (trabajo vivo, fuerza de trabajo), no son inversiones en salarios, en trabajo asalariado, son las máquinas las que trabajan, pero a estas no se las puede explotar, no se les puede extraer plusvalía. Las máquinas por sí mismas no producen beneficios para el empresario ni crean riqueza, simplemente reproducen el valor que ellas mismas encierran. Por ejemplo un camión, un depósito, un barco, una fresadora, un motor eléctrico... todas estas máquinas transfieren parte de su valor total a las mercancías, y pierden ese valor transferido en la medida en que se desgastan o se quedan obsoletas, por lo que no aportan ningún valor nuevo. Lo mismo sucede con todo este hardware, que para el empresario es una inversión especulativa, no productiva, igual que las inversiones en terrenos cuya finalidad no es otra que comprar barato y vender caro, especular. Sólo el trabajo de los asalariados es capaz de crear riqueza.

El bitcoin aparentemente estaba hecho para ser utilizado como equivalencia entre mercancías, quizás para hacer comprar más allá de la legalidad, o para donar dinero a webs celosas de su privacidad como la web de filtrado de archivos secretos, Wikileaks. Yendo a los gráficos, vemos que en torno a 2013, un bitcoin se podía intercambiar por 13 dólares, llegó a 1000 dólares al año siguiente y para 2016 había descendido a los 400. Una subida meteórica y una bajada meteórica, entonces "lentamente" volvió a subir. Parecía que uno podía invertir en bitcoin y enriquecerse fácilmente. Compras un bitcoin y al día siguiente puede bajar, y a los diez días subir una cuarta parte. Además, en todas partes aparecen noticias diciendo que es seguro invertir, que es privado y perfecto, y cada vez más empresas aceptan el bitcoin, empresas como Wordpress, Dell o Steam.

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Parecía que la criptomoneda había llegado para quedarse, salieron gurús a asegurar que era el fin de nuestra forma de entender la moneda y el bitcoin iba a sustituir cualquier otra forma de intercambio, por su descentralización y privacidad. Los economistas se lanzaron a analizarla y verla como el sumun del libre mercado, la moneda al fin se había despegado de la tiranía del Estado, los blogs y los usuarios anónimos en foros comenzaron a decir que era el futuro. Aparecieron por supuesto las empresas dedicadas al intercambio de moneda real a bitcoin y viceversa, otras las ocupadas en gestionar el movimiento de bitcoin y obtener su parte en los movimientos de esta criptomoneda. Todo un negocio de inversiones, compras y ventas se formó en torno a lo que parecía el nuevo oro, había cierto respaldo real tras ella, cierto afán de meter dinero en el bitcoin.

La burbuja y su techo

Llega 2017 y se vuelve a los niveles de 2014, 1000 dólares por bitcoin. Seis meses más tarde, un bitcoin cuesta 2600 dólares. El 16 de diciembre de 2017 tener un bitcoin significa tener un tesoro: 20000 dólares. Desde hacía tiempo se daban los debates, ¿es o no es el bitcoin una burbuja a punto de estallar?

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Debemos entender cuestiones básicas. Primero, el dinero, nuestro dinero, vale algo porque hay un Estado que lo respalda y dice que vale algo. Hablamos de Estados cuyo dinero, a pesar de la inflación u otras cuestiones económicas, está respaldado por un marco jurídico de relaciones de producción capitalistas, marco respaldado por el Estado y todos sus instrumentos represivos, lo cual no solo te asegura que el dinero vale algo, sino que todo el mundo esta obligado a aceptar este marco legal. Así una moneda, dentro de las fronteras de su Estado, servirá de equivalente general, siendo aceptada por todos los agentes económicos de dicho mercado nacional (Los precios en Marx se forman a nivel nacional). Esto permite que cuando bajamos al supermercado podamos comprar: la ley obliga a intercambiar mercancías, pagar sueldos e impuestos en una moneda concreta, en nuestro caso, el euro. Segundo, el bitcoin está respaldado por la blockchain y el minado, que no dejan de ser hasta cierto punto limitaciones, el minado es una limitación física (porque se requiere una inversión dada en hardware para minar) y el blockchain es una limitación virtual (un acuerdo social que no está enmarcado en ningún marco estatal, no tiene el importante respaldo del Estado) está basado en la confianza en desconocidos que intercambian afirmando que el bitcoin vale tal cantidad de dinero el cual sí es aceptado por un ente público (dólar, euro).

Entonces, ¿qué da al bitcoin un precio tan alto? Detrás del bitcoin hay inversiones para el minado que dan la idea de que es un valor seguro, un afán de enriquecimiento general reproducido por todo el mundo, es decir, hay cierto respaldo material. Parece que el bitcoin empieza a subir de forma regular, hasta que llega el momento en el que pega una enorme subida. ¿Por qué? A causa de ese respaldo de enormes granjas de minado, los intercambios y la esperanza de aceptación general, todo el mundo quiere subirse a la montaña rusa del dinero, la fiebre especulativa: la gente está dispuesta a comprar bitcoin con la confianza de que en breve, podrá venderlo más caro que como lo ha comprado y la gente vende porque quiere recuperar su inversión y quizás invertir en más bitcoin con los beneficios. Los bitcoin son como tulipanes en Holanda, acciones en el crack del 29 o pisos en nuestro país, valen mucho más que todo lo que se ha invertido en ellos, no valen lo que cuesta producir aquello que respaldan, sino lo que se está dispuesto a pagar por él. Esta diferencia entre el valor real de lo que cuesta el minado y a lo que se vende el bitcoin se produce en el momento en que el capital pasa de su fase mercantil a su fase monetaria, es decir, en la venta del bitcoin (donde no se genera ningún valor). Al venderse en el mercado internacional a cambio de dólares, el precio del bitcoin se dispara de forma injustificada, está funcionando como un activo financiero el cual es especulativo: es lo que Marx llama capital ficticio. Una mentira basada en el dinero, como otras tantas y que explica la gran variación de los precios del bitcoin.

Llega el 16 de diciembre. 20000 dólares el bitcoin. Algunos ni cobramos tanto al año. Y comienza la caída: ocho días después, el 24 de diciembre, se ha desplomado en 14000 dólares. ¿Comienza la histeria? ¿Qué puede haber pasado? Lo mismo que en todas las burbujas: llega el momento en el que los inversores en bitcoin no han podido dar lo que se pide por él, los que tienen y quieren vender han tocado techo, es demasiado alto, y necesariamente baja todo lo que se pueda bajar. Las pérdidas se suceden entre los inversores.

¿Qué ocurrirá ahora? Es de esperar que, por un lado, aparezcan inversores, en forma de blogs de tecnología o informaciones casi anónimas en la web diciendo que la caída es temporal, que volverá a subir, para así intentar atraer a aquellos esperanzados en subirse al carro del dinero infinito, elevar el precio de mercado y así recuperar toda la inversión posible. O, si no es posible atraer nuevos inversores que respalden la burbuja, la caída libre continuará y hará perder decenas de miles de dólares a todos aquellos que deseaban obtener dinero fácil sin hacer apenas trabajo. Otra de los desbarajustes del capital, expuesto.

La diferencia para nosotros es que, cada vez más, la especulación parece atraer a más trabajadores esperanzados con salir de las condiciones de miseria del capitalismo gracias a los fallos de este mismo sistema. Las nuevas tecnologías y la rapidez de la información ayudan a crear esta ilusión que cada vez es menos limitada en las personas que participan. Hemos oído tantas veces que con una inversión correcta en el momento correcto hay quien se ha enriquecido, que deseamos que nosotros también podamos encontrar esa salida a los problemas de paro, frustración y falta de objetivos que nos da el capitalismo.

Pero el capitalismo es como una máquina tragaperras, el que gana es el dueño de la máquina, el que juega parece ganar pero no hace más que perder. Lo mejor que podría pasarle al dueño es que aceptásemos sus normas y jugásemos sin parar, que no dejáramos de introducir monedas. Quizás lo que hay que hacer es romper la máquina, y dejar de alimentarla con nuestro dinero y nuestras ilusiones. Depende de nosotros.

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