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Mie19062019

Última actualización09:36:03 AM GMT


Ni LOMCE ni Educación para la ciudadanía

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Ya son varias las Comunidades Autónomas que están echando un pulso a la LOMCE e intentan bordear la ley introduciendo cambios. Las 12 autonomías (todas ellas sin gobiernos del PP) pretenden, entre otras medidas, recuperar la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Debido al encaje de bolillos que supone el reparto competencial en el Estado de las Autonomías la LOMCE, en su segundo año de vida, ya se desarrolla con limitaciones. Hasta 12 Comunidades Autónomas (precisamente aquellas donde no gobierna el PP) han introducido diversos cambios que pueden consultarse aquí

La mayoría de los cambios suponen modificaciones de las horas de distintas asignaturas, siendo Religión una de las más afectadas. Además, no son pocas las Comunidades Autónomas que van a recuperar la asignatura Educación para la Ciudadanía.

Esta asignatura fue uno de los pilares de la reforma educativa del gobierno Zapatero y también uno de los puntos más polémicos. Nacida del vacío (criticado por docentes y especialistas) que existe en el sistema educativo español sobre conocimientos de política, actualidad e instituciones la asignatura de Educación para la ciudadanía recibió no pocas críticas por su fuerte contenido ideológico (basado totalmente en valores cívicos republicanos) y adoctrinante. Aunque las críticas no estaban exentas de razón cabe destacar, como curiosa anécdota, que vinieron precisamente de la Iglesia Católica y los sectores más reaccionarios de la sociedad.

A nadie se le escapa que el sistema educativo español no funciona. Aunque nuestros niveles de licenciados y graduados son muy similares a los de otros países (España tiene un 39% de personas con educación superior, precisamente el mismo porcentaje de media que la OCDE) en secundaria se crea un gran coladero (sólo un 26% de personas con secundaria superior -FP y bachiller- por un 43% en la OCDE) Además, tenemos el dudoso honor de ser el país de la UE con mayor abandono escolar (un 21,9%, el doble de la media europea)

A todo ello hay que añadirle que estos datos tienen, evidentemente, un fuerte contenido de clase y afectan especialmente a las familias más humildes.

A esta situación no han ayudado los distintos cambios que ha habido. La LOMCE es la reforma número 13 en educación desde 1970, siendo la quinta desde 2006. Tanto cambio impide que se creen unas rutinas de trabajo, que alumnos y profesores se acostumbren a funcionar con un modelo educativo y, por último, limita las evaluaciones posteriores y localizar los fallos.

Los periodistas y tertulianos defienden que en España las leyes educativas son partidistas y no existe consenso en materia de educación. Como nadie se ha sentado a debatir qué pilares queremos en el sistema educativo cada partido, al llegar al poder, cambia la ley para adaptar las escuelas a lo que, ellos consideran, el mejor sistema educativo.

Ésta es una verdad a medias. Sí existe un acuerdo y unos pilares básicos: tener la educación al servicio de las empresas. Un claro ejemplo son las reformas universitarias. El Plan Bolonia fue aprobado en 1998 (gobierno de Aznar) y desarrollado y ejecutado en los Gobiernos de Zapatero (desde 2009 en adelante) para, posteriormente, ahondar en él durante estos nuevos gobiernos del PP.

Otro ejemplo se da en la educación primaria y secundaria. Ningún gobierno ha tocado la escuela privada y concertada más que para aumentar sus privilegios y peso. Independientemente del fuerte contenido ideológico de estos centros (normalmente vinculados a la Iglesia Católica y a instituciones conservadoras) las escuelas privadas y concertadas son un negocio, una empresa dentro de un sector que no debería regirse por las leyes del mercado.

Fuera de este acuerdo de mínimos sí existe disparidad de opiniones partidistas. Ahora el PSOE (u otras fuerzas políticas) se posicionan en contra de la LOMCE pero no para criticar los mismos puntos que desde Tinta Roja hemos denunciado (especialmente su carácter clasista, la discriminación de los alumnos por su rendimiento y renta, el empeoramiento de las condiciones de los trabajadores y el favorecimiento a escuelas privadas y concertadas) pues precisamente son estos puntos los que constituyen esos pilares consensuados de los que hemos hablado sino para introducir cambios acordes con sus ideales políticos.

Así hay que denunciar la LOMCE y alabar todo movimiento que se cree contra ella pero también saber señalar y criticar reformas como las de estas 12 autonomías que no pretenden eliminar los peores puntos de la LOMCE sino simplemente introducir ciertas reformas para poder impartir asignaturas de corte socialdemócrata e incluso liberal sin mirar tan siquiera los elementos más reaccionarios de la LOMCE que afectan a las familias trabajadoras.


 

Ana Escauriaza es Subdirectora de Opinión de Tinta Roja

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