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Lun18122017

Última actualización10:43:51 AM GMT


Las cadenas de la juventud trabajadora

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La juventud trabajadora es un sector de la clase obrera especialmente perjudicado por la explotación capitalista. En nombre de la "flexibilidad", los jóvenes cobramos menos que un trabajador más veterano en el mismo puesto o directamente ni siquiera cobramos mediante la sobreexplotación de las prácticas. Aparte, con la amenaza constante del paro, nos obligan a formarnos continuamente, impidiendo así cualquier cosa parecida a una vida digna para nuestra generación.

De todos mi círculo de amigos, incluyéndome a mí, solo conozco a uno que tenga un contrato fijo. Y que tengan un contrato fijo que se cumplan las condiciones tal cual fue firmado, absolutamente ninguno porque siempre tiene que hacer horas extra. El resto están de becarios, de prácticas no laborales, con un contrato eventual o un contrato de obra. En la inmensa mayoría de los casos, su salario no supera los 500 euros. Entonces, cómo no, continúan viviendo con sus padres.

A esto hay que sumar la obligación que tenemos de formarnos continuamente para no quedar "desfasados" en el mercado laboral. Al fin y al cabo, el currículum no es más que la ficha técnica de la mercancía "trabajador" y el capitalismo nos pone a competir con nuestros propios compañeros. Así es que, tras la jornada entre cuatro y ocho horas fácilmente ampliables, nos toca dedicar otras cuantas a estudiar o a asistir a clases, ya sea para mejorar nuestra formación en aquello que estamos especializados o, sobre todo, para aprender idiomas (y cada vez más).

Así, una vez acumuladas unas 10 horas entre lo que es propiamente trabajo y formación para el trabajo, haciéndose las 8 de la tarde perfectamente, ¿qué te queda por hacer? No tienes tiempo para quedar con los amigos, ni para hacer deporte, ni siquiera para desconectar. Enciendes el ordenador o la tele, haces algo de vida social a través de Facebook o WhatsApp y en nada te pones a cenar para enseguida irte a dormir. Y así, al día siguiente, otra vez más.

Todo para no ahorrar nada o casi nada. Es decir, con salarios de menos de 500 euros, cada mes ahorras como mucho 200 euros tras descontar todos los gastos personales que poco a poco vas asumiendo para no ser un lastre económico para tus padres. Y da las gracias por tener una familia, porque si no fuera por ella muchos más tendríamos que ir a pedir a la calle. De hecho no es extraño ver cada vez más jóvenes pidiendo por las calles céntricas. Menudo drama.

Con semejante ritmo de vida, implicarte en la lucha sindical y política es prácticamente imposible. Tienes que arañar una parte de tu tiempo libre y muchos días no descansas ni un minuto. Desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche en plena actividad. De esta manera bien se aseguran los patronos mantener el nivel de explotación, condenando a toda la clase obrera a no levantar la vista del trabajo en todo el día. A vivir como borregos.

Luego, a través de su propaganda, en la televisión o mismamente por Internet, se afanan en embellecer la explotación. Nos dicen que las cosas se consiguen con esfuerzo, que todo depende de la voluntad individual y que se puede vivir mejor con menos. Para ello nos ponen los excepcionalísimos ejemplos de trabajadores que se hicieron ricos y difunden el estereotipo del joven con un nivel de vida a todo trapo que va de fiesta en fiesta. Incluso existe otro estereotipo pensado para el que no consiga prosperar: el del joven pseudo-hippie que es alegre solo por vivir.

Esa realidad no corresponde con la realidad de la juventud trabajadora.

Las cadenas pesan, hacen daño y dejan cada vez más marca.


Adrián J. Bertol es Director de Tinta Roja.

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