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Dom25102020

Última actualización09:36:03 AM GMT


Cursos de formación: ¿Para encontrar empleo o para llenar sus bolsillos?

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El Estado español invierte cada año más de dos mil millones de euros en estos cursos (aproximadamente la mitad dirigidos a gente en desempleo). Recientes tramas de corrupción investigadas demuestran que buena parte de ellos acaban en manos privadas por cursos que se imparten sin alumnado (entre otras triquiñuelas).

¿Sirven realmente estos cursos para que la juventud en desempleo encontremos trabajo, o sólo valen para engordar bolsillos de políticos y dirigentes sindicales corruptos o empresas corruptoras? Ese es el dilema que intentaremos abordar en estas líneas.

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Si acabas de terminar tus estudios o te acaban de echar del trabajo, y acudes a Orientación Laboral, probablemente te hablarán de toda una serie de cursos que, subvencionados o no, te ayudarán a insertarte en el mercado laboral. Tu empresa también te puede ofrecer esos cursos, si lo considera, pudiendo optar a subvención para ello. Formación y mercado son dos términos que hoy aparecen indisolublemente unidos. Y casi todos los trabajos hoy en día te exigen un mínimo de formación específica.

¿Esto a qué se debe? Con el avance de la ciencia y la tecnología, buena parte de los trabajos están automatizados, haciendo que los empleos exijan cada vez una formación más concreta. Además, la maquinaria y otros medios de trabajo están en continuo desarrollo, lo que exige que la formación para usarlos se desenvuelva parejamente. Por eso las empresas, a través de sus distintos representantes políticos, están interesadas en ofrecer una formación básica en este sentido.

Además, la creciente competencia de capitales a nivel internacional exige que los países tengan no sólo una buena infraestructura y medios de trabajo, sino también una clase trabajadora mínimamente preparada para ponerlos a funcionar.

En los años setenta, con una incipiente crisis estructural, en Europa Occidental se hace necesario buscar nuevas formas de explotación para poder seguir compitiendo. Margaret Thatcher, entre trago y trago de ginebra, da el pistoletazo de salida para la carrera: los trabajadores deben trabajar más y mejor por menos salario. Para trabajar más por menos solo necesitaron tocar los resortes necesarios (reforma laboral, amenazas de cierre y un larguísimo etcétera), pero para trabajar mejor era necesario acudir a lo que ellos llaman "capital intelectual".

Así llegan a lo que se conoce como Formación a lo largo de la vida, como lo acuñó Jacques Delors, socialdemócrata francés y ex presidente de la Comisión Europea. Algo que puede adquirir distintas formas, pero todas ellas encaminadas a modelar al trabajador para adaptarse al mercado.

Se podría decir: formarse es bueno, el saber nunca ocupa lugar. Pero este hecho, sometido a los intereses del capital, contiene un lado perverso. Es una concepción de la formación que aparece íntimamente ligada al término de "empleabilidad": la persona desempleada es responsable de no encontrar su hueco en el mercado laboral, y por lo tanto, tendrá que transformarse a sí misma para cambiar esta situación. Así, se oculta que el problema del paro es inherente al capitalismo, y al tiempo se crea una indiscriminada necesidad (subjetiva) de alcanzar cuantos más títulos mejor para obtener empleo. Si no los tienes, como a una máquina obsoleta, nadie querrá "comprarte".

Y como donde hay necesidad (aunque sea infundada) hay mercado, en torno a la formación aparecen múltiples cursos que no responden realmente a las necesidades de las personas que los reciben, ni de la sociedad en las que se insertan. Mal diseño de la acción formativa, peor impartición, ningún tipo de evaluación... Muchos casos, como vemos, simples tapaderas para desviar dinero. Pero no es necesario que sea ilegal para que resulte insultante. Peor resultan las promesas incumplidas de empleo, las esperanzas defraudadas tras cada curso, infundir al trabajador la culpabilidad por su situación... Aunque se haga bajo el más escrupuloso cumplimiento de la legalidad.

Es una muestra más del parasitismo de la clase dominante: se embolsan millones sin producir ningún beneficio (antes al contrario) para la sociedad.

¿Quiere decir lo dicho hasta ahora que de esos cursos no se pueda extraer ninguna utilidad para quienes los cursen? No. Algunos posiblemente nos ayudarán a mejorar nuestras capacidades para trabajar. La clave reside en conocer la institución que lo ofrece, saber si existen realmente puestos de trabajo que cubrir con dicha formación y si te acredita para ello, informarse bien de sus contenidos, preguntar si conoces a gente que lo haya hecho antes, etc. También algunos sindicatos ofrecen cursos de representación y acción sindical, que quizás te ayuden a que, si encuentras curro, puedas luchar mejor para no perderlo.

Por lo tanto, la solución a la disyuntiva con la que abríamos el artículo, es una síntesis entre ambas: evidentemente, los cursos de formación son un suculento negocio para el capital, pero hay que saber utilizarlos con astucia para que sirvan a nuestros intereses, sin dejarnos llevar por la "titulitis", y adquiriendo al mismo tiempo un compromiso por transformar la sociedad para que la formación esté realmente al servicio de las necesidades sociales.

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