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Dom26032017

Última actualización07:59:49 AM GMT


La posición de los comunistas ante la religión

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Es común, entre los partidarios del anarquismo, encontrar opiniones viscerales en contra de la religión. En los casos más extremos, se culpa a la religión de los principales problemas sociales y políticos de España, relacionándolos con la influencia de la iglesia católica y la religión católica a lo largo de la historia. Esta concepción, de marcado carácter idealista, no se limita únicamente al campo ideológico anarquista, sino que también integra las concepciones de otras facciones del oportunismo, sobre todo del reformismo, que utiliza la referencia de la Segunda República, la Guerra Nacional Revolucionaria y el franquismo como demostración empírica del mal religioso.

No es casualidad que, ante "semejante" mal, unas y otras facciones de este ateísmo idealista compartan la misma estrategia para su erradicación. Todas entienden que la religión es una cuestión de ignorancia, proclaman que los trabajadores religiosos son unos ignorantes, que la solución a su "incultura" es ilustrarlos, que la tarea primera es educarlos en el ateísmo... ¿Pero acaso ésta es la forma adecuada, científica, para erradicar las creencias religiosas?

La posición de los comunistas parte de un análisis materialista dialéctico y se diferencia bien claramente del ateísmo idealista. No negamos que la iglesia católica y la religión católica sean "órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera" (en palabras de Lenin), ni pretendemos obviar la importancia de luchar contra las concepciones religiosas arraigadas en las masas, pero para nosotros la lucha contra la religión está subordinada al desarrollo de la lucha de clases.

Precisamente la lucha "sin cuartel" contra la religión causa el efecto contrario al que pretenden quienes la enarbolan: aún aviva más el interés por la religión y sitúa el epicentro de las luchas en la lucha contra la religión, en vez de en la lucha de clases. El ateísmo furibundo lo que consigue es crear una división entre los obreros religiosos y los obreros no religiosos (e incluso los obreros de una u otra religión), cuando la consigna de los comunistas debe ser la unidad de clase por encima de todas las diferencias nacionales, culturales o religiosas.

¿Acaso vamos a calificar a los mineros de "reaccionarios" e "ignorantes" por que canten el "Santa Bárbara bendita"? ¿Acaso vamos a repudiar a unas trabajadoras en huelga por rezar en favor de una resolución favorable del conflicto?

Si los comunistas procediéramos de esta manera, en vez de elevar la conciencia a través de la explicación política en el curso de la misma lucha, ayudaríamos de facto a la burguesía: perpetuaríamos las divisiones que rompen con la unidad de clase. En su obra Actitud del Partido Obrero ante la religión, Lenin decía: "La lucha contra la religión no puede limitarse ni reducirse a la prédica ideológica abstracta; hay que vincular esta lucha a la actividad práctica concreta del movimiento de clases, que tiende a eliminar las raíces sociales de la religión."

En consecuencia, ¿cómo entendemos los comunistas el hecho religioso y la lucha contra la religión?

Los comunistas analizamos el origen de la religión a través del materialismo dialéctico, nuevamente en palabras de Lenin: "El miedo a la fuerza ciega del capital –ciega porque no puede ser prevista por las masas del pueblo–, que a cada paso amenaza con aportar y aporta al proletario o al pequeño propietario la perdición, la ruina 'inesperada', 'repentina', 'casual', convirtiéndolo en mendigo, en indigente, arrojándole a la prostitución, acarreándole la muerte por hambre: he ahí la raíz de la religión contemporánea que el materialista debe tener en cuenta antes que nada, y más que nada, si no quiere quedarse en aprendiz de materialista. Ningún folleto educativo será capaz de desarraigar la religión entre las masas aplastadas por los trabajos forzados del régimen capitalista y que dependen de las fuerzas ciegas y destructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan a luchar unidas y organizadas, de modo sistemático y consciente, contra esa raíz de la religión, contra el dominio del capital en todas sus formas."

Por tanto, la superación de la religión es progresiva con respecto a los avances en la lucha de clases, con el objetivo incuestionable de la toma del poder y la instauración de la dictadura del proletariado. Entonces, y solo entonces, una vez arrebatado el poder a la burguesía, será posible llevar a cabo una separación clara del Estado y la religión, y simultáneamente educar a las masas en la cosmovisión científica del materialismo dialéctico.

Incluso Lenin añadía: "Debemos no sólo admitir, sino atraer sin falta al Partido Socialdemócrata a todos los obreros que conservan la fe en Dios; nos oponemos categóricamente a que se infiera la más mínima ofensa a sus creencias religiosas, pero los atraemos para educarlos en el espíritu de nuestro programa y no para que luchen activamente contra él."

Especial importancia tiene aclarar la posición comunista entre la juventud, atraída en demasiadas ocasiones por el lenguaje pseudorevolucionario del anarquismo y del reformismo (las siete "revoluciones" de IU), ambos gustosos de divorciar las diferentes luchas populares de la principal lucha emancipadora: la lucha de la clase obrera por la instauración del Socialismo.


Adrián J. Bertol es miembro del Buró Político y Responsable de la Comisión de Formación del Comité Central de los Colectivos de Jóvenes Comunistas.

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