
En las dos primeras entregas del artículo hemos analizado la pretensión de los nuevos poetas de “devolver la poesía a la calle” y hemos señalado cómo, en el fondo, esta consigna responde más a una forma de encontrar un público que a conseguir un arte auténticamente popular. Hemos explicado también la necesidad de una poesía social y, a través del ejemplo de Miguel Hernández, hemos encontrado algunas de las limitaciones que impiden que los jóvenes autores consigan llevar la poesía a los barrios. Sin embargo, al cierre del último artículo, nos planteábamos: ¿Realmente la “nueva poesía” no ha servido para nada? ¿Qué podemos extraer de ella para construir una poesía popular?




















