
El desenlace de la Revolución Rusa de 1905 se caracteriza por las concesiones que el zarismo hace al pueblo ruso y las organizaciones políticas. Tras un período de lucha contra la monarquía que se había cobrado miles de vidas, el sistema autocrático del zar Nicolás II, encarnado en el Consejo de Estado, decidió optar por el camino constitucional. El ministro de interior Serguei Witte convenció al monarca de no instaurar una dictadura en forma de tutela militar, pues estaba seguro del estallido de la revolución en Rusia, en cambio, trabajó por la construcción de un gobierno liberal apoyando tres grandes declaraciones:




















