
Horas gratis, jornadas maratonianas, tareas que no tienen nada que ver con lo que hemos estudiado, responsabilidades que exceden el contrato, trato ingrato o humillante... La imagen del becario explotado en España no es nueva pero, lejos de ir reduciéndose, el precio que pagan los estudiantes por el acercamiento al mundo laboral se ha ido endureciendo durante los años de la crisis y lo sigue haciendo hoy en día.




















